viernes, 6 de enero de 2012

¿Qué dice la Biblia sobre el amor y el sexo?

El amor está en la Biblia, Corintios I, 13: 4-7: "El Amor es muy paciente y amable, nunca es celoso o envidioso, nunca es jactancioso u orgulloso, no es descortés, no es interesado, no se irrita, no piensa mal, no se alegra de la injusticia, se complace en la verdad, todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo tolera."

El sexo, o sea, las relaciones sexuales, es un don que Dios da a las personas casadas para su gozo mutuo. Está en la Biblia, Proverbios 5:18-19: "Bendita tu virilidad y gózate de la compañera de tu juventud. Que sus encantos y sus caricias te satisfagan. Que su amor te llene de delicias".

El romance y las relaciones sexuales son muy recomendados dentro del matrimonio. Está en la Biblia, La Canción de Salomón l: 2,12-13; 2: 4-6, 16: "Bésame una y otra vez, porque tu amor es más dulce que el vino... El Rey yace en su lecho, encantado con la fragancia de mi perfume. Mi amado es un saquito de mirra entre mis pechos" "El me trae al salón de los banquetes y todos pueden ver cuánto me ama él. Oh, aliméntame con tu amor... porque estoy muy enferma de amor" "Su mano izquierda está bajo mi cabeza y con su mano derecha me abraza... Mi amado es mío y yo soy suya."


Algunas citas del Catecismo de la Iglesia Católica sobre la moral sexual



Sobre la sexualidad:

2331 "Dios es amor y vive en sí mismo un misterio de comunión personal de amor. Creándola a su imagen... Dios inscribe en la humanidad del hombre y de la mujer la vocación, y consiguientemente la capacidad y la responsabilidad del amor y de la comunión" (FC 11).

"Dios creó el hombre a imagen suya... hombre y mujer los creó" (Gn 1, 27). "Creced y multiplicaos" (Gn 1, 28); "el día en que Dios creó al hombre, le hizo a imagen de Dios. Los creó varón y hembra, los bendijo, y los llamó 'Hombre' en el día de su creación" (Gn 5, 1-2).

2332 La sexualidad abraza todos los aspectos de la persona humana, en la unidad de su cuerpo y de su alma. Concierne particularmente a la afectividad, a la capacidad de amar y de procrear y, de manera más general, a la aptitud para establecer vínculos de comunión con otro.

2333 Corresponde a cada uno, hombre y mujer, reconocer y aceptar su identidad sexual. La diferencia y la complementariedad físicas, morales y espirituales, están orientadas a los bienes del matrimonio y al desarrollo de la vida familiar. La armonía de la pareja humana y de la sociedad depende en parte de la manera en que son vividas entre los sexos la complementariedad, la necesidad y el apoyo mutuos.

2334 "Creando al hombre 'varón y mujer', Dios da la dignidad personal de igual modo al hombre y a la mujer" (FC 22; cf GS 49, 2). "El hombre es una persona, y esto se aplica en la misma medida al hombre y a la mujer, porque los dos fueron creados a imagen y semejanza de un Dios personal" (MD 6).

2335 Cada uno de los dos sexos es, con una dignidad igual, aunque de manera distinta, imagen del poder y de la ternura de Dios. La unión del hombre y de la mujer en el matrimonio es una manera de imitar en la carne la generosidad y la fecundidad del Creador: "El hombre deja a su padre y a su madre y se une a su mujer, y se hacen una sola carne" (Gn 2, 24). De esta unión proceden todas las generaciones humanas (cf Gn 4, 1-2.25-26; 5, 1).

2336 Jesús vino a restaurar la creación en la pureza de sus orígenes. En el Sermón de la Montaña interpreta de manera rigurosa el plan de Dios: "Habéis oído que se dijo: 'no cometerás adulterio'. Pues yo os digo: 'Todo el que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón'" (Mt 5, 27-28). El hombre no debe separar lo que Dios ha unido (cf Mt 19, 6).

La Tradición de la Iglesia ha entendido el sexto mandamiento como referido a la globalidad de la sexualidad humana.





Sobre la castidad:

2337 La castidad significa la integración lograda de la sexualidad en la persona, y por ello en la unidad interior del hombre en su ser corporal y espiritual. La sexualidad, en la que se expresa la pertenencia del hombre al mundo corporal y biológico, se hace personal y verdaderamente humana cuando está integrada en la relación de persona a persona, en el don mutuo total y temporalmente ilimitado del hombre y de la mujer.

La virtud de la castidad, por tanto, entraña la integridad de la persona y la totalidad del don.

2338 La persona casta mantiene la integridad de las fuerzas de vida y de amor depositadas en ella. Esta integridad asegura la unidad de la persona; se opone a todo comportamiento que la pueda lesionar. No tolera ni la doble vida ni el doble lenguaje (cf Mt 5, 37).

2339 La castidad implica un aprendizaje del dominio de sí, que es una pedagogía de la libertad humana. La alternativa es clara: o el hombre controla sus pasiones y obtiene la paz, o se deja dominar por ellas y se hace desgraciado (cf Si 1, 22). "La dignidad del hombre requiere, en efecto, que actúe según una elección consciente y libre, es decir, movido e inducido personalmente desde dentro y no bajo la presión de un ciego impulso interior o de la mera coacción externa. El hombre logra esta dignidad cuando, liberándose de toda esclavitud de las pasiones, persigue su fin en la libre elección del bien y se procura con eficacia y habilidad los medios adecuados" (GS 17).

2340 El que quiere permanecer fiel a las promesas de su bautismo y resistir las tentaciones debe poner los medios para ello: el conocimiento de sí, la práctica de una ascesis adaptada a las situaciones encontradas, la obediencia a los mandamientos divinos, la práctica de las virtudes morales y la fidelidad a la oración. "La castidad nos recompone; nos devuelve a la unidad que habíamos perdido dispersándonos" (S. Agustín conf. 10, 29; 40).

2341 La virtud de la castidad forma parte de la virtud cardinal de la templanza, que tiende a impregnar de racionalidad las pasiones y los apetitos de la sensibilidad humana.

2342 El dominio de sí es una obra que dura toda la vida. Nunca se la considerará adquirida de una vez para siempre. Supone un esfuerzo reiterado en todas las edades de la vida (cf tt 2, 1-6). El esfuerzo requerido puede ser más intenso en ciertas épocas, como cuando se forma la personalidad, durante la infancia y la adolescencia.

2343 La castidad tiene unas leyes de crecimiento; éste pasa por grados marcados por la imperfección y, muy a menudo, por el pecado. "Pero el hombre, llamado a vivir responsablemente el designio sabio y amoroso de Dios, es un ser histórico que se construye día a día con sus opciones numerosas y libres; por esto él conoce, ama y realiza el bien moral según las diversas etapas de crecimiento" (FC 34).

2344 La castidad representa una tarea eminentemente personal; implica también un esfuerzo cultural, pues "el desarrollo de la persona humana y el crecimiento de la sociedad misma están mutuamente condicionados" (GS 25, 1). La castidad supone el respeto de los derechos de la persona, en particular, el de recibir una información y una educación que respeten las dimensiones morales y espirituales de la vida humana.

2345 La castidad es una virtud moral. Es también un don de Dios, una gracia, un fruto del trabajo espiritual (cf Ga 5, 22). El Espíritu Santo concede, al que ha sido regenerado por el agua del bautismo, imitar la pureza de Cristo (cf 1 Jn 3, 3).





La integridad del don de sí:

2346 La caridad es la forma de todas las virtudes. Bajo su influencia, la castidad aparece como una escuela de donación de la persona. El dominio de sí está ordenado al don de sí mismo. La castidad conduce al que la practica a ser ante el prójimo un testigo de la fidelidad y de la ternura de Dios.

2347 La virtud de la castidad se desarrolla en la amistad. Indica al discípulo cómo seguir e imitar al que nos eligió como sus amigos (cf Jn 15, 15), a quien se dio totalmente a nosotros y nos hace participar de su condición divina. La castidad es promesa de inmortalidad.

La castidad se expresa especialmente en la amistad con el prójimo. Desarrollada entre personas del mismo sexo o de sexos distintos, la amistad representa un gran bien para todos. Conduce a la comunión espiritual.





Los diversos regímenes de la castidad:

2348 Todo bautizado es llamado a la castidad. El cristiano se ha "revestido de Cristo" (Ga 3, 27), modelo de toda castidad. Todos los fieles de Cristo son llamados a una vida casta según su estado de vida particular. En el momento de su Bautismo, el cristiano se compromete a dirigir su afectividad en la castidad.

2349 La castidad "debe calificar a las personas según los diferentes estados de vida: a unas, en la virginidad o en el celibato consagrado, manera eminente de dedicarse más fácilmente a Dios solo con corazón indiviso; a otras, de la manera que determina para ellas la ley moral, según sean casadas o celibatarias" (CDF, decl. "Persona humana" 11). Las personas casadas son llamadas a vivir la castidad conyugal; las otras practican la castidad en la continencia.

"Existen tres formas de la virtud de la castidad: una de los esposos, otra de las viudas, la tercera de la virginidad. No alabamos a una con exclusión de las otras. En esto la disciplina de la Iglesia es rica" (S. Ambrosio, vid. 23).

2350 Los novios están llamados a vivir la castidad en la continencia. En esta prueba han de ver un descubrimiento del mutuo respeto, un aprendizaje de la fidelidad y de la esperanza de recibirse el uno y el otro de Dios. Reservarán para el tiempo del matrimonio las manifestaciones de ternura específicas del amor conyugal. Deben ayudarse mutuamente a crecer en la castidad.





Las ofensas a la castidad:

2351 La lujuria es un deseo o un goce desordenados del placer venéreo. El placer sexual es moralmente desordenado cuando es buscado por sí mismo, separado de las finalidades de procreación y de unión.

2352 Por masturbación se ha de entender la excitación voluntaria de los órganos genitales a fin de obtener un placer venéreo. "Tanto el Magisterio de la Iglesia, de acuerdo con una tradición constante, como el sentido moral de los fieles, han afirmado sin ninguna duda que la masturbación es un acto intrínseca y gravemente desordenado". "El uso deliberado de la facultad sexual fuera de las relaciones conyugales normales contradice a su finalidad, sea cual fuere el motivo que lo determine". Así, el goce sexual es buscado aquí al margen de "la relación sexual requerida por el orden moral; aquella relación que realiza el sentido íntegro de la mutua entrega y de la procreación humana en el contexto de un amor verdadero" (CDF, decl. "Persona humana" 9).

Para emitir un juicio justo acerca de la responsabilidad moral de los sujetos y para orientar la acción pastoral, ha de tenerse en cuenta la inmadurez afectiva, la fuerza de los hábitos contraídos, el estado de angustia u otros factores psíquicos o sociales que reducen, e incluso anulan la culpabilidad moral.

2353 La fornicación es la unión carnal entre un hombre y una mujer fuera del matrimonio. Es gravemente contraria a la dignidad de las personas y de la sexualidad humana, naturalmente ordenada al bien de los esposos, así como a la generación y educación de los hijos. Además, es un escándalo grave cuando hay de por medio corrupción de menores.

2354 La pornografía consiste en dar a conocer actos sexuales, reales o simulados, fuera de la intimidad de los protagonistas, exhibiéndolos ante terceras personas de manera deliberada. Ofende la castidad porque desnaturaliza la finalidad del acto sexual. Atenta gravemente a la dignidad de quienes se dedican a ella (actores, comerciantes, público), pues cada uno viene a ser para otro objeto de un placer rudimentario y de una ganancia ilícita. Introduce a unos y a otros en la ilusión de un mundo ficticio. Es una falta grave. Las autoridades civiles deben impedir la producción y la distribución de material pornográfico.

2355 La prostitución atenta contra la dignidad de la persona que se prostituye, puesto que queda reducida al placer venéreo que se saca de ella. El que paga peca gravemente contra sí mismo: quebranta la castidad a la que lo comprometió su bautismo y mancha su cuerpo, templo del Espíritu Santo (cf 1 Co 6, 15-20). La prostitución constituye una lacra social. Habitualmente afecta a las mujeres, pero también a los hombres, los niños y los adolescentes (en estos dos últimos casos el pecado entraña también un escándalo). Es siempre gravemente pecaminoso dedicarse a la prostitución, pero la miseria, el chantaje, y la presión social pueden atenuar la imputabilidad de la falta.

2356 La violación es forzar o agredir con violencia la intimidad sexual de una persona. Atenta contra la justicia y la caridad. La violación lesiona profundamente el derecho de cada uno al respeto, a la libertad, a la integridad física y moral. Produce un daño grave que puede marcar a la víctima para toda la vida. Es siempre un acto intrínsecamente malo. Más grave todavía es la violación cometida por parte de los padres (cf. incesto) o de educadores con los niños que les están confiados.





Sobre convivir antes del matrimonio:

2390 Hay unión libre cuando el hombre y la mujer se niegan a dar forma jurídica y pública a una unión que implica la intimidad sexual.

La expresión en sí misma es engañosa: ¿qué puede significar una unión en la que las personas no se comprometen entre sí y testimonian con ello una falta de confianza en el otro, en sí mismo, o en el porvenir?

Esta expresión abarca situaciones distintas: concubinato, rechazo del matrimonio en cuanto tal, incapacidad de unirse mediante compromisos a largo plazo (cf FC 81). Todas estas situaciones ofenden la dignidad del matrimonio; destruyen la idea misma de la familia; debilitan el sentido de la fidelidad. Son contrarias a la ley moral: el acto sexual debe tener lugar exclusivamente en el matrimonio; fuera de éste constituye siempre un pecado grave y excluye de la comunión sacramental.

2391 No pocos postulan hoy una especie de "unión a prueba" cuando existe intención de casarse. Cualquiera que sea la firmeza del propósito de los que se comprometen en relaciones sexuales prematuras, éstas "no garantizan que la sinceridad y la fidelidad de la relación interpersonal entre un hombre y una mujer queden aseguradas, y sobre todo protegidas, contra los vaivenes y las veleidades de las pasiones" (CDF, decl. "Persona humna", 7). La unión carnal sólo es moralmente legítima cuando se ha instaurado una comunidad de vida definitiva entre el hombre y la mujer. El amor humano no tolera la "prueba". Exige un don total y definitivo de las personas entre sí (cf FC 80).

Sobre las relaciones sexuales en el matrimonio:

2362 "Los actos con los que los esposos se unen íntima y castamente entre sí son honestos y dignos, y, realizados de modo verdaderamente humano, significan y fomentan la recíproca donación, con la que se enriquecen mutuamente con alegría y gratitud" (GS 49, 2). La sexualidad es fuente de alegría y de agrado:

"El Creador... estableció que en esta función (de generación) los esposos experimentasen un placer y una satisfacción del cuerpo y del espíritu. Por tanto, los esposos no hacen nada malo procurando este placer y gozando de él. Aceptan lo que el Creador les ha destinado. Sin embargo, los esposos deben saber mantenerse en los límites de una justa moderación" (Pío XII, discruso 29 octubre 1951).

2363 Por la unión de los esposos se realiza el doble fin del matrimonio: el bien de los esposos y la transmisión de la vida. No se pueden separar estas dos significaciones o valores del matrimonio sin alterar la vida espiritual de los cónyuges ni comprometer los bienes del matrimonio y el porvenir de la familia.

Así, el amor conyugal del hombre y de la mujer queda situado bajo la doble exigencia de la fidelidad y la fecundidad.

La fidelidad conyugal:

2364 El matrimonio constituye una "íntima comunidad de vida y amor conyugal, fundada por el Creador y provista de leyes propias". Esta comunidad "se establece con la alianza del matrimonio, es decir, con un consentimiento personal e irrevocable" (GS 48, 1). Los dos se dan definitiva y totalmente el uno al otro. Ya no son dos, ahora forman una sola carne. La alianza contraída libremente por los esposos les impone la obligación de mantenerla una e indisoluble (cf CIC can. 1056). "Lo que Dios unió, no lo separe el hombre" (Mc 10, 9; cf Mt 19, 1-12; 1 Co 7, 10-11).

2365 La fidelidad expresa la constancia en el mantenimiento de la palabra dada. Dios es fiel. El sacramento del Matrimonio hace entrar al hombre y la mujer en el misterio de la fidelidad de Cristo para con su Iglesia. Por la castidad conyugal dan testimonio de este misterio ante el mundo.

San Juan Crisóstomo sugiere a los jóvenes esposos hacer este razonamiento a sus esposas: "Te he tomado en mis brazos, te amo y te prefiero a mi vida. Porque la vida presente no es nada, mi deseo más ardiente es pasarla contigo de tal manera que estemos seguros de no estar separados en la vida que nos está reservada... pongo tu amor por encima de todo, y nada me será más penoso que no tener los mismos pensamientos que tú tienes" (hom. in Eph. 20, 8).

Las ofensas a la dignidad del matrimonio:

2380 El adulterio. Esta palabra designa la infidelidad conyugal. Cuando un hombre y una mujer, de los cuales al menos uno está casado, establecen una relación sexual, aunque ocasional, cometen un adulterio. Cristo condena incluso el deseo del adulterio (cf Mt 5, 27-28). El sexto mandamiento y el Nuevo Testamento prohíben absolutamente el adulterio (cf Mt 5, 32; 19, 6; Mc 10, 11; 1 Co 6, 9-10). Los profetas denuncian su gravedad; ven en el adulterio la imagen del pecado de idolatría (cf Os 2, 7; Jr 5, 7; 13, 27).

2381 El adulterio es una injusticia. El que lo comete falta a sus compromisos. Lesiona el signo de la Alianza que es el vínculo matrimonial. Quebranta el derecho del otro cónyuge y atenta contra la institución del matrimonio, violando el contrato que le da origen. Compromete el bien de la generación humana y de los hijos, que necesitan la unión estable de los padres.


El divorcio:

2382 El Señor Jesús insiste en la intención original del Creador que quería un matrimonio indisoluble (cf Mt 5, 31-32; 19, 3-9; Mc 10, 9; Lc 16, 18; 1 Co 7, 10-11), y deroga la tolerancia que se había introducido en la ley antigua (cf Mt 19, 7-9).

Entre bautizados católicos, "el matrimonio rato y consumado no puede ser disuelto por ningún poder humano ni por ninguna causa fuera de la muerte" (CIC can. 1141).

2383 La separación de los esposos con permanencia del vínculo matrimonial puede ser legítima en ciertos casos previstos por el Derecho Canónico (cf CIC can. 1151-1155).

Si el divorcio civil representa la única manera posible de asegurar ciertos derechos legítimos, el cuidado de los hijos o la defensa del patrimonio, puede ser tolerado sin constituir una falta moral.

2384 El divorcio es una ofensa grave a la ley natural. Pretende romper el contrato, aceptado libremente por los esposos, de vivir juntos hasta la muerte. El divorcio atenta contra la Alianza de salvación de la cual el matrimonio sacramental es un signo. El hecho de contraer una nueva unión, aunque reconocida por la ley civil, aumenta la gravedad de la ruptura: el cónyuge casado de nuevo se halla entonces en situación de adulterio público y permanente:

"Si el marido, tras haberse separado de su mujer, se une a otra mujer, es adúltero, porque hace cometer un adulterio a esta mujer; y la mujer que habita con él es adúltera, porque ha atraído a sí al marido de otra" (S. Basilio, moral.regla 73).

2385 El divorcio adquiere también su carácter inmoral a causa del desorden que introduce en la célula familiar y en la sociedad. Este desorden entraña daños graves: para el cónyuge, que se ve abandonado; para los hijos, traumatizados por la separación de los padres, y a menudo viviendo en tensión a causa de sus padres; por su efecto contagioso, que hace de él una verdadera plaga social.

2386 Puede ocurrir que uno de los cónyuges sea la víctima inocente del divorcio dictado en conformidad con la ley civil; entonces no contradice el precepto moral. Existe una diferencia considerable entre el cónyuge que se ha esforzado con sinceridad por ser fiel al sacramento del Matrimonio y se ve injustamente abandonado y el que, por una falta grave de su parte, destruye un matrimonio canónicamente válido (cf FC 84).


Otras ofensas a la dignidad del matrimonio:

2387 "Es comprensible el drama del que, deseoso de convertirse al Evangelio, se ve obligado a repudiar una o varias mujeres con las que ha compartido años de vida conyugal. Sin embargo, la poligamia no se ajusta a la ley moral, pues contradice radicalmente la comunión conyugal. La poligamia 'niega directamente el designio de Dios, tal como es revelado desde los orígenes, porque es contraria a la igual dignidad personal del hombre y de la mujer, que en el matrimonio se dan con un amor total y por lo mismo único y exclusivo' (FC 19; cf GS 47, 2). El cristiano que había sido polígamo está gravemente obligado en justicia a cumplir los deberes contraídos respecto a sus antiguas mujeres y sus hijos.

2388 Incesto es la relación carnal entre parientes dentro de los grados en que está prohibido el matrimonio (cf Lv 18, 7-20). San Pablo condena esta falta particularmente grave: "Se oye hablar de que hay inmoralidad entre vosotros... hasta el punto de que uno de vosotros vive con la mujer de su padre... en nombre del Señor Jesús... sea entregado ese individuo a Satanás para destrucción de la carne..." (1 Co 5, 1.4-5). El incesto corrompe las relaciones familiares y representa una regresión a la animalidad.

2389 Se puede equiparar al incesto los abusos sexuales perpetrados por adultos en niños o adolescentes confiados a su guarda. Entonces esta falta adquiere una mayor gravedad por atentar escandalosamente contra la integridad física y moral de los jóvenes que quedarán así marcados para toda la vida, y por ser una violación de la responsabilidad educativa.


Resumen:



2392 "El amor es la vocación fundamental e innata de todo ser humano" (FC 11).

2393 Al crear al ser humano hombre y mujer, Dios confiere la dignidad personal de manera idéntica a uno y a otra. A cada uno, hombre y mujer, corresponde reconocer y aceptar su identidad sexual.

2394 Cristo es el modelo de la castidad. Todo bautizado es llamado a llevar una vida casta, cada uno según su estado de vida.

2395 La castidad significa la integración de la sexualidad en la persona. Entraña el aprendizaje del dominio personal.

2396 Entre los pecados gravemente contrarios a la castidad se deben citar la masturbación, la fornicación, las actividades pornográficas y las prácticas homosexuales.

2397 La alianza que los esposos contraen libremente implica un amor fiel. Les confiere la obligación de guardar indisoluble su matrimonio.

2398 La fecundidad es un bien, un don, un fin del matrimonio. Dando la vida, los esposos participan de la paternidad de Dios.

2399 La regulación de la natalidad representa uno de los aspectos de la paternidad y la maternidad responsables. La legitimidad de las intenciones de los esposos no justifica el recurso a medios moralmente reprobables (p.e., la esterilización directa o la anticoncepción).

2400 El adulterio y el divorcio, la poligamia y la unión libre son ofensas graves a la dignidad del matrimonio.

El adulterio lo prohibe el séptimo mandamiento. Está en la Biblia, Exodo 20: "No cometerás adulterio." La lujuria misma es una conducta pecaminosa y a menudo se usa como excusa para pecar más. Está en la Biblia, (Mateo 5:28), Cristo dijo: "Yo os digo: todo el que mira una mujer deseándola, ya adulteró con ella en su corazón..."

La pureza: Mateo 5:8 nos habla de la pureza: "Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios."

Escoge amigos puros de corazón. Esto está en la Biblia: II Timoteo 2: 22 "Huye de las pasiones juveniles y sigue la justicia, la fe, la caridad y la paz, estando con todos los que invocan al Señor con corazón puro."



Un noviazgo como Dios manda


Unos principios fundamentales

Primero: Toda la vida cristiana debe tener como motor la caridad; es decir, todos y cada uno de nosotros debemos amar a Dios sobre todas las cosas y a nuestro prójimo como Jesús nos ama a nosotros.

Por tanto; en todo debemos amar la voluntad de Dios y cumplirla, si es que verdaderamente queremos ser felices.

Es voluntad de Dios que hagamos a los demás todo el bien que nosotros quisiéramos recibir de ellos.

El bien más importante que nosotros podemos querer para una persona es su felicidad en esta vida y que se salve para la vida eterna. Usar a otra persona y/o ponerla en peligro de pecado va contra la virtud cristiana más importante, que es la caridad.

Segundo: El noviazgo es para el matrimonio y no para otra cosa. Es decir, que nadie tiene derecho a ponerse de novio con tal o cual persona si en el horizonte de esa relación no está el matrimonio.


Unas etapas que son necesarias

El primer paso en toda relación humana es conocerse. Un día alguien nos presenta a una persona o nos encontramos con ella de algún modo y a partir de ahí, comienza una relación; primero de simple conocimiento, después de simpatía, más tarde de confianza y, finalmente, de amistad.

En el caso de personas del sexo opuesto, la amistad puede hacerse tan especial que termine en enamoramiento y matrimonio.

Todo camino al matrimonio recorre cinco etapas, de diversa duración en cada caso, pero todas ellas necesarias. Y pasarlas por alto es una imprudencia que, antes o después, se paga.

Las tres primeras etapas son comunes a todo tipo de amistad y están descritas en el primer párrafo. Las dos últimas son el "prenoviazgo" y el noviazgo.

Al momento de conocerse una pareja lo mismo pueden sentir cierta atracción que no hacerse el más mínimo caso. Hacen falta más encuentros y momentos de compartir para que ese primer contacto progrese hacia la simpatía, la confianza y la amistad. Dadas la simpatía y la confianza, aquella primera atracción o aquel primer no hacerse caso evoluciona en un afecto de amistad. Aquí puede aparecer el prenoviazgo. En Chile, cuando esto se da entre adolescentes, se dice que son "pololos".

En el prenoviazgo la amistad con tal chica o tal muchacho va haciéndose muy especial. Puede tenerse algún otro amigo o amiga muy buenos, pero el afecto es distinto. La idea de matrimonio empieza ya de algún modo a vislumbrarse en el horizonte de la vida.

Esta relación especial madurará naturalmente en el noviazgo. Solo se puede decir que él y ella son novios cuando el matrimonio ya no solo se ve como posible, sino que se aspira a él decididamente.




Una relación como Dios manda

Todo el tiempo del prenoviazgo y del noviazgo es para conocer más profundamente al otro y crecer en amor a él, y no para otra cosa.

Todos ansiamos la felicidad, pero todos llevamos en lo más profundo de nosotros mismos una herida producida por el pecado original y los pecados personales. Y desde lo más hondo de nosotros mismos nace una fuerza, digamos, suicida que nos impulsa a obrar contra lo que verdaderamente nos va a hacer felices, que es vivir en cada momento el plan de Dios para nosotros. Es verdad que cuando hacemos algo malo lo hacemos viendo en ello algún lado bueno. Pero, por más bueno que nos parezca, no deja de ser malo y de tener consecuencias malas.

No es lo mismo ser feliz que pasarlo bien. Muchas veces, pasar un buen rato contribuye a la felicidad. Muchas otras veces, pasar un buen rato la arruina. La diferencia está en si ese buen rato se pasó honesta o deshonestamente. Y fue honesto o deshonesto si se siguió o no la voluntad de Dios.

A las relaciones humanas Dios les ha dado una regla de juego: la caridad. Una sola regla de juego con múltiples aplicaciones. Cada uno de los mandamientos aplica a la caridad y a un aspecto de las relaciones humanas. Y las relaciones de pareja vienen reguladas por el sexto y noveno mandamiento.

No es legítimo a ninguna pareja hacer uso de su genitalidad si primero no se han constituido familia por medio del matrimonio. No tienen derecho a las relaciones sexuales hasta el matrimonio, por más que haga mucho tiempo que son novios y estén firmemente decididos a casarse. Si de veras se aman, sabrán esperar. Si no esperan, quizá lo suyo sea más calentura que amor.

No es legítimo a ninguna pareja no casada ponerse en ocasión de llegar a tener relaciones. Y tampoco a darse aquellas caricias que de por sí preparan y llevan a las relaciones. Si de veras se aman, sabrán evitarlo.

Nadie tiene derecho a ser para el otro ocasión de pecado, de pérdida de la gracia e incluso de condenación eterna. Y, mucho menos, culpable del pecado del otro.

El amor verdadero quiere siempre el bien del amado. Y el primer bien que un cristiano debe querer para la persona amada es que siempre viva en gracia y que nada ponga en peligro su salvación. Si ama de veras al otro no lo va a hacer pecar.

Jesucristo dijo que al que comete escándalo; es decir, es ocasión o culpable del pecado de otro, más le valiera que le ataran una piedra de molino al cuello y lo arrojaran al mar. Y dijo también que el ángel guardián del escandalizado dará testimonio contra el escandalizador cuando sea llamado al tribunal de Dios.



Para una vivencia cristiana de la sexualidad

Por el Padre Maximiliano Ocampo Ríos




Un punto de partida

La sexualidad es un muy hermoso regalo que Dios nos hace al crearnos. Somos varones o mujeres hasta la última célula de nuestro cuerpo y hasta el último rincón de nuestra sicología.




Cabe hacer una distinción entre:

Sexualidad: El modo en que uno es humano = varón o mujer.


Genitalidad: La manifestación externa de la sexualidad = aparato genital y rasgos sexuales secundarios.




Tres finalidades de la sexualidad:



1) Perfección mutua de los esposos.
2) Imitación de Dios, que es amor.
3) Colaboración con Dios en la obra de la vida.

Por potencia absoluta, Dios podría habernos creado a todos de una vez, pero en su amor ha querido que el hombre y la mujer colaboremos con Él en la tarea de continuar la vida. Para ello hace de nosotros seres sexuados, distintos y complementarios, naturalmente atraídos y necesitados cada uno del otro sexo.




El joven y la sexualidad

Ante todo, hay que sentirse gozoso y agradecido a Dios por este tan gran regalo, sin caer en la inmadurez de ver como inferior al otro sexo. En segundo lugar, debemos empeñarnos en vivir con fidelidad el plan que Dios tiene sobre la propia sexualidad. Y, para ello, renunciar a todo uso egoísta de la genitalidad. Fortalecer la voluntad de modo que podamos decir siempre sí al bien y no al mal, aunque el mal nos sea placentero. Muchas veces el bien se nos presentará como una tarea y un objetivo difícil de alcanzar. Cultivar dos cosas: Una amistad profunda y sincera con todos y cada uno de los amigos, pues sólo si se vive bien y a fondo la amistad y la benevolencia, nos haremos capaces de amar de veras y para siempre a la que un día será nuestra esposa o nuestro esposo.

Una gran benevolencia para con todos y cada uno de los que Dios un día pondrá en el camino de nuestra vida.

Nuestra sexualidad viene con un manual de instrucciones




Sólo nos es lícito usar nuestra genitalidad:



1. Cuando está integrada en el amor y a su servicio.

2. Cuando, integrada en el amor, está abierta a la vida.

3. Cuando, integrada en el amor, se usa de modo humano.



Queda excluido, por tanto, el uso de la sexualidad sólo por placer. Un derecho fundamental del hijo que un día deberá nacer: que cuando papi y mami lo llamen a la vida, papi y mami sean familia. Luego la pareja que tiene relaciones sexuales sin estar casados, comete un atropello grave contra el derecho del hijo.

Alguno dirá que no hay derecho sin sujeto de derechos. Que si falta el sujeto, es decir el niño, no existe el derecho. Será así en el derecho positivo humano, pero no en este caso tan fundamental del derecho natural y divino.

Cuando una pareja se ama verdaderamente, su amor necesariamente se proyecta sobre los hijos que un día tendrán. Si su amor es verdadero, esperarán hasta estar casados para manifestárselo también a través de la genitalidad. Puede darse que alguno desconozca sin culpa esta proyección del amor y el derecho del hijo y, engañado por el ambiente, use indebidamente su genitalidad. Pero el que a sabiendas actúa así, comete un gran acto de egoísmo, aunque diga que lo hace por amor.




Peca contra el amor el que...

Contradice el plan de Dios sobre la sexualidad y, por tanto, peca contra el amor:

El que satisface a solas su deseo carnal; este es un acto de inmadurez y de egoísmo. Por más común que sea, no es natural, como algunos pretenden, pues sólo es natural aquello que sigue las reglas de la naturaleza. Además, con ello no se manifiesta amor a nadie ni se llama a la vida a nadie. Pensemos que hubo un momento de la historia en que Dios concretó nuestra llamada a la existencia, para lo cual se valió del acto natural de nuestros padres. Si papi hubiera satisfecho a solas su deseo y no lo hubiera puesto al servicio del amor y de la vida, nosotros hoy no existiríamos. Quizá hubiera otro con mi misma edad, nombre y apellidos, pero no sería yo. Cada uno de nosotros es un proyecto único e irrepetible del amor de Dios.

El que tiene relaciones sin estar casado. Este también es un acto de egoísmo, es atropellar el derecho del hijo.

El que comete adulterio. Además de atropellar el derecho del hijo, atropella el del cónyuge o cónyuges ofendidos.

El que comete actos de homosexualidad. No entramos a juzgar de dónde o cómo le viene el impulso a ellos, pero sí distinguimos entre el impulso y el acto. Por más involuntario e inculpable que pueda ser el impulso, el acto siempre es objetivamente malo, por más o menos atenuantes que pueda tener.

El que hace, ve o muestra pornografía. El que se exhibe. El que introduce a otros en el mal uso de la genitalidad.

El que consiente pensamientos y deseos sexuales contrarios al orden natural y divino.


La mala vivencia de la sexualidad

La mala vivencia de la sexualidad juvenil pone en grave peligro la duración permanente y la felicidad de la futura propia familia; la mala vivencia de la sexualidad lleva a ver a la mujer como un juguete con el que pasar un lindo rato. La futura esposa puede terminar siendo un juguete más de la lista, no menos desechable que los demás. Se degrada la dignidad humana de cada mujer y ya no se la ve desde el amor sino desde el egoísmo. Y lo que se dice de la mujer puede decirse igual del varón.

La mala vivencia de la sexualidad cambia el anhelo profundo de felicidad permanente por un momento de pasarla bien. No es lo mismo ser feliz que pasarla bien. Pasarla bien a toda costa, incluso contra Dios, termina trayendo una muy profunda amargura. Pasarla bien terminará siendo la anestesia que nos impida sentir la infelicidad que acumulamos en cada acto que cometemos contra Dios y nuestra conciencia. Pero llegará el día en que el efecto de la anestesia se pase y nos sintamos aplastados por el peso de nuestra amargura.

La mala vivencia de la sexualidad impide madurar en el amor. Estanca en un egoísmo en el que sólo importa lo que gusta, incluso aunque lo que gusta sea perjudicial para otro. El adulto inmaduro, el don Juan o Casanova, juega con las mujeres igual que de niño jugaba con carritos.

La mala vivencia de la sexualidad pone en peligro la futura felicidad de la esposa y de los hijos, pues la infelicidad y la amargura se contagian. Si yo no llego a ser feliz, tampoco haré felices a la esposa y los hijos que un día tendré.




Para vivir bien la sexualidad

La sexualidad bien vivida es un trabajo de dos y una tarea para valientes. Los dos somos Cristo y yo. La vida cristiana toda es una llamada permanente al heroísmo. Una llamada eficaz de por sí, pues Dios, que llama, da las fuerzas para responder eficazmente. Cristo, que es EL HOMBRE perfecto, EL HOMBRE, se me propone como modelo para mi vida. Alcanzo la plenitud de mi humanidad en la medida en que voy configurando mi vida a Cristo.

La sexualidad bien vivida en cada una de las etapas de nuestro existir es siempre fuente de felicidad. Sin embargo, vivir la sexualidad según Dios nos pide es una lucha permanente. Los blandengues cobardones, nunca gozarán de la gran dicha que trae vivir la sexualidad según Dios. Para el que lucha sin rendirse, aunque llegara a perder alguna batalla, Dios reserva el gozo de la victoria final.

Por el Bautismo fui llamado al heroísmo de la santidad. Cristo me llama a ser héroe y me da la fuerza para serlo.

En el sacramento de la Reconciliación se me da de nuevo lo que perdí con mi pecado. En la Eucaristía Cristo se me da como la energía que hará real mi victoria sobre mí mismo y sobre el pecado. El amor de Cristo me da la posibilidad de recuperar lo perdido.
Ningún pecado mío, por grande que pudiera ser, es mayor que el amor conque mi Padre Dios me ama: que yo pueda salvarme le ha costado a Dios la sangre de su Hijo Jesucristo.






Nunca olvides...

En cada recepción bien hecha del Sacramento de la Reconciliación, con verdadero arrepentimiento y propósito de enmienda, recupero el amor de Dios y la dignidad de hombre y de hijo suyo que perdí con mi pecado.

La sexualidad es una muy bella perla que alcanza su máximo esplendor si se engarza en la valiosísima joya del amor. Pero sin el pulido de la renuncia y de la superación de la pasión egoísta, no pasa de ser un guijarro con el que reventarle la vida al otro y reventármela yo mismo.

La sexualidad es una perla de gran belleza y de muy alto valor. Al igual que las perlas no son para jugar a las canicas, tampoco la genitalidad humana es para usar de ella de cualquier modo y por simple gusto y capricho. La sexualidad humana viene con un manual de instrucciones editado en la imprenta de Dios.





Nota: El Padre Maximiliano Ocampo Ríos es un sacerdote español.