lunes, 29 de junio de 2009

Los Profetas: Hombres santos de Dios

Hombres que hablaron movidos por el Espíritu Santo

Los grandes hombres del Antiguo Testamento. no eran los reyes o los sacerdotes, sino los profetas, ellos llamaban siempre a la gente al arrepentimiento y a cumplir la voluntad del Dios que era revelada al hombre. "en toda la historia antigua no hay nada igual a las profecías de los israelitas," escribió B. W. Anderson.

DEFINICIÓN: Un profeta es un hombre que habla al pueblo los mensajes que él ha recibido de Dios. Una profecía es una declaración y una ilustración de los principios del gobierno divino, sean en el pasado, en el presente, o en el futuro. Los profetas son mensajeros especialmente llamados e inspirados por Dios." Ningún profeta habló por su propia cuenta. Al contrario, todos ellos hablaron de parte de Dios y fueron guiados por el Espíritu Santo" (II Pedro 1:21).

Ro'eh se le llamaba a una persona que era poseída de una visión, tanto interna como externa, de una previsión sobrenatural. Le llamaban "adivino."

Chozeh era un mensajero autorizado de Dios, un contemplador o adivino, que recibe una visión sobrenatural.

Nabhi era uno quién hablaba para Dios. Él habla de una compulsión interna del Espíritu de Dios el mensaje que él ha recibido.

NOMBRES: Varios nombres tenían los profetas como: "hombres de Dios," "Siervos de Jehová (SEÑOR)," "mensajeros de Jehová," "intérpretes," "centinelas," " hombres del Espíritu."

INFLUENCIA DEL ESPÍRITU SANTO EN LOS PROFETAS: "El Espíritu Santo inspiró en la mente de los escritores, iluminando su Espíritu e impregnándole en sus pensamientos, mientras que el se negaba a si mismo y no le permitía expresar nada de si y únicamente lo dicho por Dios." (Elliott). "La inspiración de los escritores sagrados consistía en la plenitud de la influencia del Espíritu Santo quien los educaba especialmente para permitirles hacer su trabajo" ( Alford). El control y la dirección por el Espíritu Santo en la expresión del mensaje garantiza la expresión de la verdad sin ningún error.

TAREA DEL PROFETA: Su trabajo era llamar a la gente de nuevo a Dios y a la verdad de Dios. Él les advertía de las consecuencias de sus acciones y de una llamada al arrepentimiento. Era ocasionalmente un mensaje del plan de Dios para el futuro de su reino. Eran los hombres a través de quienes Dios habló su mensaje de amor a los pecadores, y les advirtió de las consecuencias de sus pecados. El corazón de su mensaje era la promesa de Dios del rescate eterno con la venida de Jesucristo el Mesías.

PREPARACIÓN: Dios preparó a cada uno de estos hombres para una tarea especial. Había también "escuelas" de los profetas en Ramah (1 Samuel 19:18), en Bethel (II Reyes 2:3), en Jericó (II Reyes 2:5), y en Gilgal (II Reyes 4:38).

PROFETAS FALSOS: La prueba del profeta era práctica y simple. "El profeta que profetiza de paz, cuando se cumpla la palabra del profeta, será conocido como el profeta que Jehová en verdad envió." (Jer. 28:9). El término no ocurre en el Antiguo Testamento. Se encuentra solo en los labios de Jesús (Mat 7:15-23 ; Mr.13:21-23; Jer. 14:13-18; 28; 1 Reyes 22:5-28). La profecía verdadera no tiene en ella ninguna contradicción. Debe convenir siempre de manera genuina con qué se sabe ya sobre JHVH. . Satanás es el falsificador.

CARACTERÍSTICAS DE LOS PROFETAS:

1. Eran enviados de Dios. Estos hombres demandaron hablar a Dios y para Dios. "dice así el Señor" era un énfasis claro de su predicación. El contenido de su mensaje es prueba que fueron inspirados del Señor.

2. Su mensaje estaba relacionado con la historia. Salía siempre de una cierta situación histórica en la cual vivieron. Los profetas eran mensajeros de sus épocas. El mensaje puede ser entendido solamente considerándolo en su contenido original. Usted tiene que hacerse un estudiante de la historia para entender las profecías del Antiguo Testamento.

3. La revelación del Dios es progresiva. Las estructuras de cada mensaje sobre otro revelaron la verdad de Dios.

4. La profecía no es siempre profética. Es un error pensar que la profecía del Antiguo Testamento eran siempre proféticas, o previsión del futuro. Habían épocas en que el profeta habló solamente a su propia generación sin ninguna referencia especial al futuro. Él llamó su generación al arrepentimiento, o a un cambio social dentro de la nación, o de cambios políticos. Advirtieron a la nación y a sus líderes de los males que necesitaban ser corregidos. Eran sobre todo mensajeros de Dios, hablando del pasado, del presente, o del futuro.

5. Había predicciones absolutas del futuro. Estas predicciones revelan los propósitos de Dios de la tolerancia a los hombres. Son dependientes sobre el propósito soberano de Dios, y están seguras de su cumplimiento. Un buen ejemplo es Génesis 3:15, que no es dependiente sobre hombre, sino solamente sobre las demostraciones de Dios. Su cumplimiento en Galatas 4:4-5 .

6. Había las predicciones condicionales, que llevan directamente sobre la responsabilidad de los hombres de una respuesta humana apropiada al cumplimiento seguro. Un buen ejemplo es predicción de Jonás de que Nineve sería destruido en cuarenta días.

7. La interpretación correcta de la profecía incluye el reconocimiento de la lengua literal y figurada mezclada libremente. Génesis 3:15 es una manera figurada de representar el conflicto entre Cristo y Satanás.

8. Toda la profecía se centra en Cristo. Es un testimonio de Jesucristo. Él está en el centro de la profecía porque él es el tema central de todas las escrituras. Ninguna persona o cosa pueden compartir el centro de cada profecía solamente Cristo por ser considerado como la luz verdadera.

9. Las profecías del Antiguo Testamento se deben interpretar a la luz del Nuevo Testamento. Encontramos la llave a la interpretación de la profecía del Antiguo Testamento examinando cómo los escritores del Nuevo Testamento interpretaron a los profetas. Olhausen escribió: "la explicación del Antiguo Testamento esta en el Nuevo Testamento y es el mismo punto del cual solo la explicación dada la sabiduría divina debe precisar.

10. "la interpretación de la profecía debe generalmente estar en el significado literal y natural de las palabras" (J. B. Tidwell). Busque la enseñanza llana del pasaje. "el cumplimiento de las predicciones hechas por los profetas debe ser pensado literalmente y no como alegórica. Muchas predicciones se pueden darse en lengua figurada. Podemos o no podemos entenderlas. Pero cuando el día viene para su cumplimiento, debe ser pensado como literal "( Benjamin).

CLASIFICACIÓN DE LOS PROFETAS: Los profetas del Antiguo Testamento generalmente se conocen en la escritura como profetas orales. Dentro de estas agrupaciones está otra clasificación basada en tamaño, y no en contenido, o en la calidad de la inspiración. Cuatro de los libros proféticos eran más largos que el resto en su contenido y eran considerados como mas importantes por lo tanto llamados."Profetas mayores" No significa que los "profetas mayores" sean más importantes o significativos en tema que los "profetas de menor importancia." Los "profetas menores tienen la misma importancia solo que ellos escribieron simplemente libros más cortos.

PROFETAS IMPORTANTES DE LA ESCRITURA: Isaías, Jeremías, Ezequiel, y Daniel.

PROFETAS DE MENOR IMPORTANCIA DE LA ESCRITURA: Oseas, Joel, Amos, Abadías, Jonás, Miqueas, Nahum, Habacuc, Sofonias, Hageo, Zacarías, y Malaquias.

LOS PROFETAS ORALES:

1. Enoc (Judas 14-15)

2. Noe (II Pedro. 2:5)

3. Abraham y los patriarcas (Gen.20:7; 27:27-29; 49

4. Moisés (Deut. 18:18-22; 34:10-12.

5. Miriam y Aaron (Ex 15:20; Números. 12:1-8

6. Los Setenta (11:24-29 Números)

7. Balaam (22-24 Números)

8. Josué (Jos. 1, 23, 24)

9. Débora (Jud. 4-5)

10. Profeta desconocido en días de Gideon (Jud. 6:7-10)

11. Profeta desconocido en días de Eli (SAM de I. 2:27-36)

12. Samuel (SAM De I. 3:20)

13. Escuelas de profetas debajo de Samuel (Saul) (SAM de I. 10:10-12; 19:20-24)

14. Gad (SAM De I. 22:5; II SAM. 24:11-19; I Cron. 29:29; II Cron. 29:25)

15. Natan (II SAM. 7, 12; II Cron. 9:29; 29:25)

16. David (Hechos 2:30)

17. Ahias (I Reyes 11:26-40; 14:1-18)

18. Hombre del Dios de Juda (I Reyes 13 )

19. Semaias (I Reyes 12:21-24; II Cron. 12:1-8)

20. Iddo el adivino (II Cron. 12:15; 13:22)

21. Azarias (II Cron. 15)

22. Hanani (II Cron. 16:7-10

23. Hijo de Jehu de Hanani (II Cron. 19:1-3)

24. Elijas (II Reyes 17-I 2)

25. Micaiaa (I Reyes 22 )

26. El profeta desconocido vino a Acab (I Reyes 20:13-15)

27. El profeta desconocido con Acab (I Reyes 20:35-43).

28. Jahaziel (II Cron. 20:14-17)

29. Eliezer (II Cron. 20:37)

30. Elisa (II Reyes 2-8)

31. Escuela profética de Elisa (II Reyes 9:1-13)

32. Joiada Hijo de Zacarías (II Cron. 24:20-22)

33. El hombre de Dios prohibió la liga de Amasias con Israel (II Cron. 25:7-10)

34. El profeta desconocido reclamo a Amasias (II Cron. 25:15f)

35. Zacarías (II Cron. 26:5)

36. Oded (II Cron. 28:8-15)

37. Hulda la profetisa (II Reyes 22:12-20)

38. Urías (Jer. 26:20-23)

(c) 2005 Mensaje por Wil Pounds. Traducida por Víctor Manuel Castro. Cualquier persona es libre de usar y distribuir este material, pero no puede ser vendido bajo ninguna circunstancia, y sin la autorización del autor.













UNA DIFÍCIL Y URGENTE TAREA:
LA CORRECCIÓN FRATERNA



HOMILÍA DOMINICAL


Primera Lectura: Ezequiel 33,7-9: “A ti, hijo de Adán, te he puesto de atalaya en la casa de Israel”.

Salmo 94: “Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: "No endurezcáis vuestro corazón"”.

Segunda Lectura: Romanos 13,8-10: “A nadie le debáis nada, más que amor”.

Evangelio: San Mateo 18,15-20: “Si tu hermano peca, repréndelo a solas entre los dos”.

El cristiano debe velar por el bien de sus hermanos. El libro de Ezequiel consta de cuatro partes bien definidas: la vocación del profeta, los reproches y amenazas contra Israel, los oráculos contra las naciones y el restablecimiento de Israel. El capítulo 33 que leemos este domingo da inicio a la cuarta parte. La misión del profeta es denunciar el pecado y las injusticias, pero también, en sentido positivo, anuncia el perdón y la salvación. Ezequiel es el profeta de la esperanza, pero para que esta virtud pueda aparecer se necesita, en primer lugar la conversión del corazón. El profeta, y todo fiel creyente, tiene que ser un vigía o centinela, que desde la atalaya avisa de la llegada del peligro. El papel del centinela consiste en señalar la presencia del enemigo, es decir en denunciar una situación de infidelidad del pueblo, que corre el riesgo de caer en la miseria si no cambia de actitud. El profeta es como un “espía” que descubre los signos de los tiempos y nos indica la voz de Dios que habla a través de la actualidad. Ya el Vaticano II nos invitaba a interpretar “los signos de los tiempos”. Es una tarea nada fácil, pues requiere mucha inteligencia y, sobre todo, analizar lo que pasa a la luz de Dios. Necesitamos profetas que nos marquen el camino y se adelanten a lo que está por venir. El profeta o cristiano que calla es responsable del mal que amenaza a sus hermanos. El que vive desde Dios y para el hombre, está obligado a recordar el peligro que supone la ruptura de esta relación vital. Y aquí viene la acentuación de la responsabilidad. Quien proclama la existencia de las leyes divinas y los principios fundamentales reconocidos por las leyes humanas ha cumplido con su deber; ha salvado su responsabilidad. Quien no acepte aquello que le ha sido anunciado será responsable de su suerte adversa. En este momento se acentúa la responsabilidad “personal”. Ésta sale de la atmósfera comunitaria y se instala en el terreno individual. ¿Eres consciente de que has sido consagrado como profeta en tu Bautismo?

“A nadie le debáis más que amor”, nos dice San Pablo en la Carta a los Romanos. El que ama cumple la ley entera. Pablo habla del amor al prójimo, no quiere limitar el “unos á otros” refiriéndose sólo a otros cristianos. Amar cumple tres propósitos. Primero, bendice a la persona que recibe amor. Mucha gente necesita desesperadamente una palabra cariñosa o alguna pequeña demostración de que alguien se preocupa por ellos. Segundo, el cristiano que muestra amor por su prójimo se convierte en un poderoso testigo de Cristo. Tercero, como Pablo dice a continuación, el amor cumple la ley. Cuando Pablo dice que amemos a nuestro prójimo como a nosotros mismos, no propone un amor propio. Pablo reconoce que nos amamos a nosotros mismos porque solemos hacer lo que nos viene mejor. “Amarás á tu prójimo como á ti mismo,” significa que también debemos actuar según lo que sea mejor para nuestro prójimo. La persona que ama a su prójimo no cometerá adulterio; no matará a su prójimo; no robará a su prójimo; y no codiciará las posesiones de su prójimo. La razón es simple: cualquier acción que pudiera herir al prójimo no concuerda con amor. Pablo utiliza la palabra para amor ágape a lo largo de este pasaje. Ágape es una de cuatro palabras griegas para amor (las otras son philos, storge, y eros). Ágape es una alta forma de amor dedicado al bienestar del ser querido sin esperar ninguna recompensa. – el tipo de amor que Dios tiene por nosotros-.

La corrección fraterna es fruto del amor. El pecado en la comunidad cristiana es una realidad por desgracia, pues no es la iglesia una asamblea angelical de hombre y mujeres impecables, sino de seres que en medio de limitaciones y flaquezas humanas, caminan unidos como hermanos hacia Dios. Por eso es necesaria la corrección fraterna como medio de conversión. Todos necesitamos ir cambiando de vida porque no respondemos a las exigencias que el evangelio nos propone al seguimiento de Cristo, por eso la corrección fraterna es un continuo acicate a la conversión. Conversión personal y comunitaria. El amor nos lleva a sentirnos responsables con aquellos que profesamos el mismo credo y que rezamos al mismo Padre. Esa co-responsabilidad hace ineludible la corrección fraterna para que ella alcance su objetivo que es la recuperación del hermano que peca para la comunidad mediante la conversión. Sin embargo, no realizar la corrección fraterna, -que hay que hacer con tacto y respeto- por no molestar por un falso respeto al modo de ser y opinar del extraviado, no es caridad, no es amor ni querer bien. Pero es peor todavía, si además de abstenernos murmuramos a espaldas del hermano, si le echamos en cara su pecado o su defecto en tono y en términos ofensivos; si queremos convertirnos en sus jueces que condenan. Cuando uno ama a su prójimo no le hace daño, sino que busca su bien, por ello, cuando existe un amor verdadero es fácil la corrección fraterna y muy difícil o imposible cuando no existe ese amor y la comunión fraterna está ausente

Recuperar la práctica de la corrección fraterna. Debería haber una forma habitual de diálogo en la convivencia fraterna de la comunidad cristiana. Pero, por el contrario, hemos perdido desde hace mucho tiempo la dimensión institucionalizada de esta regla de oro de la unidad. Sin embargo, estamos en el tiempo y en la obligación de encarnar en nuevas formas este compromiso comunitario fundamental: la corrección fraterna. Unas reglas básicas esenciales son:

No corregir desde posturas infantiles o autoritarias, sino desde la posición del adulto buscando no tanto deshogarme, cuanto el bien del hermano.

No dejarse llevar por la reacción (espontaneidad infantil, paternalista o dictadora) ni por el poder, sino por el amor. Tener siempre presente que yo tampoco puedo tirar la primera piedra; y que si corrijo al hermano es por hacerle el regalo de un sentimiento mío negativo que me cuesta expresar (me resultaría más cómodo y fácil callar), pero que, al compartirlo aclarará nuestra relación y estrechará, a la larga, lazos más fuertes.

No emitir nunca mensajes "tú", sino mensajes "yo" (un mensaje tú es: "tú siempre actúas...", o "tú tienes que..."; en cambio un mensaje yo es: "yo siento enfado cuando tú dices que..." o "por dentro yo estoy triste cuando tú haces...").

Si realizamos la corrección fraterna desde el amor y la oración, allí seguro que se encuentra presente Jesús en medio nuestro.

Tomado de www.betania.es
Por José María Martín OSA









REFLEXIONES



1.PROFETA/OFICIO

En nuestros días ha resurgido y se ha valorado más la figura del profeta. Tal vez sea porque estamos viviendo tiempos de cambios profundos y acelerados y las crisis y el temor asoma cabeza por todas partes.

Antes el profeta era un señor anciano y de largas barbas que, ante todo, predecía el futuro. Algo así era la imagen que tenía del profeta el creyente normal. Por otra parte, era una figura de los tiempos pasados, los profetas de Israel, y que caían muy bien para adornar los pórticos de las catedrales.

En los últimos años esa figura del profeta cambió. Resurgió de la noche de los tiempos y se acercó a nuestros días con gesto un tanto hosco y dedo acusador. Y hasta con el palo en la mano. El profeta es un ser que denuncia, la denuncia profética se pone de moda. Hay que denunciar las injusticias, las opresiones, sobre todo sociales, y la figura del profeta viene como anillo al dedo.

Surgen profetas denunciadores por todas partes. El carisma profético se pone a la orden del día en homilías y en escritos.

Ambos aspectos, el descubrir el futuro y el denunciar, puede que sean propios del profeta y no convenga olvidarlos, pero bien leída la Biblia nos parece que ninguno de esos aspectos descubren, y mucho menos agotan, la tarea y la misión más importante del profeta. El profeta, más que predecir el futuro y denunciar los males, es la persona que en nombre de Dios nos anuncia que el futuro tiene un horizonte de esperanza y que los males desde la perspectiva de Dios tienen remedio. El profeta garantiza en nombre de Dios la salvación y la esperanza. De ahí que su misión no es amedrentar ni destruir anunciando males y catástrofes, sino alentar, consolar y abrir caminos de esperanza.

El mensaje que anuncia de parte de Dios es siempre un mensaje positivo y salvador, aunque a veces y para que resalte más la salvación anuncia, denuncia enérgicamente los males de la sociedad y del hombre. Su voz puede parecer bronca, pero su intención es "no apagar la mecha que humea".

El papa Juan XXIII ya nos advirtió del peligro que hoy corremos de convertirnos en "profetas de calamidades". Está siendo un peligro evidentemente en nuestros días. Conviene destacar y acentuar este aspecto positivo del profeta, sin excluir lo que hay de válido en los demás aspectos. Y nos damos cuenta de que necesariamente tenía que ser así la figura del profeta desde el momento en que todo verdadero profeta habla siempre en nombre de Dios, y la palabra de Dios siempre es salvadora, constructiva, alentadora, eficaz.

Si leemos atentamente a Isaías y Jeremías o cualquier profeta, veremos que es así y que su última y definitiva palabra es de perdón y de aliento por parte de Dios. Y en Jesús es mucho más claro este aspecto.

Quien habla en nombre de Dios o quien predica la palabra de Dios tiene que hacer lo mismo. Lo contrario es no haber entendido el sentido más profundo del mensaje de Dios, es adulterarlo predicándonos a nosotros mismos desde nuestras frustraciones y agresividades. Cosa muy a tener en cuenta.

La crítica, esa que llamamos crítica negativa, el señalar los defectos y el destruir es cosa fácil. Todos manejamos bien la piqueta, pero sería muy doloroso que malgastásemos nuestras mejores energías en esta labor negativa y estéril. Y esto, que es válido en todos los órdenes de la vida tiene una especial aplicación en nuestra tarea de predicar el Evangelio.

HOMILIA/PREDICACION: El sacerdote al predicar la palabra de Dios no puede quedarse únicamente en profeta denunciador de males e injusticias. Ha de procurar, ante todo, ser profeta de esperanza y salvación. Su palabra, si quiere ser palabra de Dios, ha de ser aliento y buena noticia. Nunca debemos olvidar esta perspectiva en nuestras homilía. Seamos profetas, y no de calamidades, sino constructores del Reino de Dios. No basta denunciar, lo que más importa es edificar, construir. Es la parte más hermosa e importante del profeta y del sacerdote.

DABAR 1978/11


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2. J/CENTRO. CV/SEGUIMIENTO

La esencia del cristianismo no es ni siquiera el llamado mandamiento del amor; es Cristo. Por eso la experiencia de Jesús no es sustituible por ningún curso de teología o de moral. Fe personalizada es, ante todo, vivencia sentida. No es mera ilustración teológica. Predicar la conversión no será, por tanto, hacer que alguien cambie sus comportamientos morales externos por otros más acordes con la moral cristiana, sino favorecer que el sujeto encuentre en su interior el motor, la raíz de este comportamiento: CRISTO.

En los últimos tiempos se viene empleando con abundancia y ligereza la palabra "conversión". Inevitablemente, aplicar este término a todo causa su depreciación por exceso de oferta. Decir que conversión es dar un giro de 180 grados y hablar de conversión continua, produce en el oyente la sensación de que ha de dar vueltas sin cesar como una peonza. Por otra parte, el hombre no puede estar cambiando todos los días la orientación de su vida, su mentalidad y su escala de valores.

Tras el encuentro, conversión y fe en Jesús, viene el seguimiento de su persona. Así lo pide tanto la dinámica de la vida como las mismas palabras del Señor: "¡Sígueme!". A pesar de la voluntad sincera de andar tras los pasos del Maestro, el error y la infidelidad hacen acto de presencia. Por eso, el discípulo va ajustando siempre su rumbo al pensamiento y a la acción del Maestro.

EUCARISTÍA 1990/05


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3. JUDEA/GALILEA

Judea y Galilea son incompatibles. Lo serán durante toda la vida de Jesús. Judea persigue a Jesús, le calumnia, intenta desconocerlo y como no puede silenciarlo, lo mata. Así de rotundo. En Judea estarán los sabios, los cumplidores de la Ley, los detentadores del poder. Ellos no podrán soportar aquella Voz que clama diciendo que todos los hombres son hijos de Dios y que no es tanto la Ley como el Espíritu lo que justifica al hombre; que no es lo que el hombre come o toca lo que le convierte en impuro sino lo que piensa, desea y siente; que no se hizo el hombre para el sábado sino el sábado para el hombre; que el Templo espléndido y brillante se quedará vacío y sin sentido; que Dios, ese Dios lejano de los judíos, es un Dios cercano y próximo que espera pacientemente al hombre que se ha ido de su lado cuando vuelve a El para refugiarse en sus brazos. Judea es la institución y la institución se siente en peligro con la doctrina "revolucionaria" en el orden del espíritu que predica aquel Hombre que es la imagen misma de la libertad. Judea es la seguridad, la norma y para salvaguardar sin fisura esa tranquilidad que da el saber milimétricamente lo que hay que cumplir, no dudará en eliminar a Jesús.

Galilea es todo lo contrario; es Galilea el riesgo, la aventura, la utopía, es el reino del amor como única norma a seguir. En Galilea comenzará la aventura de la salvación y desde Galilea, hoy, Jesús llama a sus primeros discípulos que estaban a orillas de su lago. Es desde Galilea donde Jesús llama y pide que se deje todo para seguirle. Y es en Galilea donde encuentra a aquellos hombres sencillos que, sin saber demasiado a qué se comprometían, no dudaron en dejarlo todo, todo lo que tenían, y marchar detrás de aquel Hombre al que, hasta entonces no habían visto.

No es antigua y pasada de moda la oposición entre Judea y Galilea. Hoy también existen pequeñas o grandes judeas y grandes o pequeñas galileas. Hoy también está el reino del dogmatismo, de la intransigencia, del cumplimiento estricto de la ley; hoy también están los cristianos que lo saben todo, que están seguros de todo, que pesan y miden sus actos, que contabilizan perfectamente su deber y haber, que tienen asegurado el final feliz de sus vidas porque han hecho todo "lo mandado". Está también Galilea, habitada por hombres que asumen, desde su pequeñez y su insignificancia, el riesgo que supone dejar lo que se tiene y echarse a andar camino adelante tras un Hombre que llama para intentar la mayor de las aventuras de la historia del mundo: la de intentar que el hombre se crea verdaderamente que es el Hijo de Dios y hermano de sus hermanos. En Galilea posiblemente no haya tanta seguridad como en Judea, es seguro que no habrá tanto dogmatismo ni tanta intransigencia; es seguro que el hombre de Galilea, el cristiano de Galilea, comprenderá al hombre que se queda rezagado en el camino, que incluso retrocede, que vacila, que no está seguro. El cristiano de Galilea comprenderá a la adúltera, y al hijo pródigo, porque se sentirá muy capaz de como la una y el otro; es muy posible que no contabilice sus actos de bondad concretos y particulares sino que intente, por todos los medios, tener una actitud general que le lleve a parecerse a Jesús para intentar que los demás puedan resumir su vida, como se resumió la del Señor, diciendo de él que "pasó haciendo el bien" y curó las enfermedades y dolencias del pueblo, tal como expresivamente dice hoy el Evangelista que comenzó a hacer Jesús después de llamar a los suyos.

Creo que cada uno de nosotros puede pensar hoy, con cierta tranquilidad, dónde está situado, si en Judea o en Galilea. Y dónde le parece estará más cerca del Señor. Es interesante la pregunta por si procede que hagamos alguna variante en el camino de nuestra vida para situarnos en la línea correcta según el sentir de Cristo.

ANA MARIA CORTES
DABAR 1987/12


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4. VERDAD/ORTODOXIA

La anécdota la cuenta José María -Gironella en su último libro "El escándalo de Tierra Santa". Recuerda que un franciscano -"rebelde", dice- le confesó en Milán que estaba cansado de someter su vida a la ortodoxia, por la sencilla razón de que Cristo no dijo "yo soy la ortodoxia" sino "yo soy la verdad"...

En griego "doxa" es opinión, doctrina, y el paso del matiz que va de un significado a otro suele ir acompañado del poder...

Porque las ortodoxias suponen normalmente poder y, por lo tanto, medios de presión y de coerción. El que objetaba la ortodoxia de una Iglesia era declarado hereje y sufría las consecuencias.

Stalin, revestido de ortodoxia, expulsa y aun elimina a los heterodoxos. No pocas personas temen ser expulsadas a las tinieblas exteriores de alguna marginación si no aceptan la ortodoxia de la última costumbre o moda ampliamente difundida. Las ortodoxias tienden con frecuencia a utilizar el anatema y el castigo, o por lo menos la amenaza de censura y de desamparo.

Todas: las ortodoxias religiosas, las ortodoxias políticas, las ortodoxias patrióticas, las ortodoxias sociales... Pero si es fácil partir en lucha contra las ortodoxias, las ortodoxias son necesarias. Indispensables. Todo individuo aspira a un conjunto de doctrinas rectas o por lo menos de opiniones rectas. Todo grupo humano. Incluso el liberal tiene su ortodoxia. Incluso el libertario. El peligro de las ortodoxias es que se petrifiquen; el peligro de las ortodoxias es que se conviertan en enormes máquinas devoradoras de humanos; el peligro de las ortodoxias es que tengan miedo a la verdad.

Me parece que de algún modo el enfrentamiento entre Jesús y ciertos sectores religiosos dominantes de su pueblo fue el enfrentamiento entre verdad y ortodoxia... Tal vez las ortodoxias son los intentos humanos para definir y aprender la verdad. Pero como ésta las supera, cuando no lo admiten, el aire de las ortodoxias puede resultarnos enrarecido, como al franciscano de Milán. Lo que es respirable es el aire de la verdad que nos supera. También lo dice la Escritura: la verdad os hará libres (Jn/08/32) y la ley perfecta es la de la libertad.

JUAN GOMIS
EL CIERVO.Núm.320/Pág.16


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5. LUZ/TINIEBLAS

Resalta, de todos modos, en la liturgia de hoy, la referencia a la luz o, si se prefiere, a la dialéctica tan frecuente y tan grata a la liturgia entre luz-tinieblas. Sugiero hacer referencia a ello.

a) Como punto de reflexión previo a la preparación de la homilía puede servir el hacernos conscientes de la falta de lucidez, de claridad, de luz, que todos sufrimos. Quizá sea uno de los aspectos más destacables de lo que se llama "crisis de civilización". La poca luz que se desprende hoy de ideologías, programas y sistemas que reclaman nuestra atención, líderes, pensadores, gente sencilla, "es que no sabes..." Nada queda completamente seguro. Cierto barullo. Cierta oscuridad en la mente.

b) Jesús se retira a Cafarnaún, allí anuncia la proximidad del Reino y la conversión de corazón. Sólo de paso el evangelista ilustra con la profecía de Isaías (primera lectura y evangelio) lo que fue dicho por el profeta: "El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande..." Quizás quiere indicarnos que, en cualquier lugar del mundo donde se da la conversión del corazón, se inicia de hecho el Reino de Dios y es así como empieza a hacerse la luz.

Quizás sea verdad que la ideas (sistemas, esquemas, planteos, prioridades y orientaciones) no salvan de nada. Los necesitamos aunque a veces resultan un estorbo. Y se ven más claros cuando "el ojo es también más claro". ¿No será aquello de la "noche transparente"? ¿A qué claridad deben referirse?

A. M. SERRAMONA
MISA DOMINICAL 1981/02


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6.

Sentirse llamado

Comenzamos la lectura continuada del evangelio de san Mateo. Para situarnos tenemos que saber que el evangelista, en los capítulos anteriores, ha narrado tanto los misterios de la infancia de Jesús como su bautismo en el Jordán.

La lectura arranca en el momento en el que Jesús deja su casa de Nazaret y se afinca en Cafarnaún, ciudad muy bien situada para la misión que iba a iniciar. De hecho, será su residencia habitual en los años de su vida pública. Con todo, el evangelista ve en este cambio de residencia el cumplimiento de una profecía.

La primeras palabras de Jesús son una invitación a que cada hombre que se tope con El tiene que reconsiderar toda su vida y acertar a situarse ante la novedad de un nuevo orden de cosas en el que no valen las leyes y valores de este mundo sino el proyecto y los deseos de Dios, en concreto, "el Reino de los cielos".

Para que fuesen suficientemente elocuentes sus palabras y los que le vieran se dieran cuenta de que algo totalmente inédito comenzaba con su presencia y predicación, nos dice el evangelista que "recorría toda la Galilea, enseñando en las sinagogas y ... curando las enfermedades y dolencias del pueblo".

Pero sus palabras no eran para ser recogidas por sus oyentes y guardadas como una secreta sabiduría que trajese la salvación a cada uno por separado. El proyecto de Jesús era otro.

Así se entiende tanto la propuesta que hace a un grupo de pescadores, como la respuesta, sin condiciones, de estos.

Ser cristiano es sentirse llamado a entrar en una comunidad que haga posible encontrarse con Jesús, seguirle y continuar su misión evangelizadora.

Antonio Luis Martínez
Semanario "Iglesia en camino"
Archidiócesis de Mérida-Badajoz
Año VII. Número 284. 24 de enero de 1999
Extraido de la pagina:

http://www.mercaba.org/DIESDOMINI/T-O/03A/reflexiones.htm









SOMOS EDUCADORES PROFETAS






“¡Ojala que todo el pueblo fuera profeta!”, era el deseo de Moisés, tal como lo encontramos expresado en la Palabra de Dios. (Núm 11,29).

Nosotros asumimos el concepto de profeta y profetismo desde la mentalidad cristiana y por tanto con un componente fundamental de trascendencia que tiene su base en la fe.

Según nuestra vocación cristiana todos nosotros tenemos la dimensión profética. La recibimos en nuestro Bautismo.

La primera condición de un profeta, en la mentalidad cristiana, es que esté poseído por el Espíritu de Dios y que haya alcanzado una madurez personal en la interpretación de la vida y de la historia y lo haya hecho a través de una experiencia excepcional en la que se haya sentido llamado a hablar a su pueblo en nombre de Dios, desde una situación concreta llena de riquezas y de limitaciones.

En su misión, el profeta acompaña, desde la fe, a su pueblo a lo largo de todo su andar y por tanto sabe que el ser humano ha salido de Dios y vuelve a El. El profeta acompaña a su pueblo en su camino que está sembrado de debilidades, fracasos y pruebas, y al mismo tiempo de prosperidad, de alegrías y luces.

La misión del profeta es la de anunciar la “buena nueva”; fundamentalmente, todo aquello que hace realidad la calidad de la vida y que la conduce a la plenitud convirtiéndola en “vida en abundancia”. Una vida no solo vista en su dimensión personal, privada, sino también como pueblo, como nación, como comunidad. El profeta abre los mejores caminos en la historia de un pueblo. Para saber anunciar, se prepara, conoce y se hace un experto.

El profeta también tiene la misión de denunciar. Denuncia las injusticias y los abusos. Es el gran defensor de la verdad. No tiene miedo ni se deja intimidar. No negocia y está muy claro en su postura. Conoce perfectamente las situaciones y asume una postura verdaderamente crítica. Adquiere muchos riesgos y con frecuencia se juega su propia vida. La historia de los pueblos está marcada por la sangre de los profetas.

Además el profeta es un testigo, un testimonio. Demuestra con su propia vida lo que proclama y excluye de sí mismo lo que denuncia. Es muy austero y no disimula ni envuelve las cosas, su lenguaje es si si y no no.

Llamar a uno “educador profeta” es un estímulo a la responsabilidad de la propia vocación de educador y educadora.

El educador salesiano es el profeta de los muchachos y muchachas, el profeta de los jóvenes. Se siente llamado por Dios para hablar a los muchachos y muchachas, es la voz para los jóvenes que necesitan la voz de Dios.

Esta voz sabe indicar caminos, también es capaz de cortar caminos y siempre abre caminos nuevos. El educador profeta “sabe estar” con los muchachos y muchachas, en el camino. Es un verdadero “asistente”.

Estamos llamados para saber el lenguaje de los jóvenes y para conocer el corazón de los jóvenes. Dios quiere ser entendido por los jóvenes y por eso debemos tener esas cualidades. Somos el lenguaje de Dios para los jóvenes.

Como educadores profetas somos el instrumento de Dios, los que debemos interpretar hoy la voz de Dios para los jóvenes. Estamos enamorados de los muchachos y muchachas y tenemos para ellos un mensaje que explica y que manifiesta el amor de Dios. Somos portadores del amor de Dios a los jóvenes.

La cultura de los niños, niñas y adolescentes y jóvenes de hoy, tiene sequía, desierto. Algo les falta. Necesitan que alguien intervenga. Esta sequía nos habla de ruptura. Es una cruda realidad de nuestra sociedad.

El educador profeta es la persona capaz de unir a los jóvenes con Dios. Es el portador del agua al desierto juvenil.

Une a los jóvenes con Dios, porque está unido a los jóvenes: los escucha, los entiende, es el hermano en medio de ellos.

Une a los jóvenes con Dios, porque está unido a Dios, es padre de los jóvenes. Las manos del educador, una está agarrada de Dios, la otra de los jóvenes.

Al estar unido a Dios, escucha la voz de Dios, la interpreta, la traduce.

Don Bosco fue un profeta para los jóvenes. Logró unir muchas cosas separadas en su tiempo: Une el patio al taller, a la parroquia, a la escuela... y todo eso forma el Oratorio. Une la fe al patio, a la educación, a los talleres. Une a los jóvenes con Dios, y los une con elementos que a ellos les gustan.

El educador profeta es el hombre de esperanza, es un hombre y una mujer del mañana, del futuro.

No se queda en las angustias, en los tranques, sino que abre puertas, mira adelante. Sabe a dónde tiene que ir. Y, aunque sufre las angustias de los jóvenes tiene siempre su corazón libre.

Sabe muy bien que aunque el muchacho y la muchacha estén en crisis, estén fuera del camino, en el fondo buscan el bien. Por eso parte siempre de lo positivo. Tiene siempre una mirada optimista, llena de esperanza.

El verdadero educador profeta ayuda a las personas a no perder el objetivo final. Tiene una visión escatológica. Somos educadores de ilusionados.

Nuestro profetismo lo enfocamos en vistas a la auténtica promoción de la vida.

Asumimos esta misión desde la perspectiva de la creación de una Cultura de la Vida con unos valores que defendemos y promocionamos que son los Derechos Humanos y desde la implementación de unos planes concretos de promoción de dicha cultura.

Somos fundamentalmente promotores de la vida, de los Derechos Humanos.

La promoción la realizamos a dos niveles, personal e institucional. Cada uno de nosotros es un promotor de la vida y por ende de los Derechos Humanos y nuestras instituciones son en sí mismas promotoras de ellos. De esta manera adquirimos una nueva dimensión que enriquece la identidad de nuestra misión.

Promotores de vida, Derechos Humanos para nuestro pueblo. Para ello elegimos tres sujetos preferenciales de nuestra misión: la persona, la familia y la comunidad.

Seleccionamos, también, algunos lugares preferenciales donde desarrollar nuestros programas, estos son: las obras o casas salesianas, las familias de nuestros destinatarios y destinatarias, las escuelas y los barrios y sectores.

El ejercicio de nuestra vocación de profetas educadores lo realizamos sus tres formas prioritarias:

En primer lugar, anunciando los Derechos Humanos Para ello los damos a conocer a nuestros destinatarios, a sus familias, a los sectores donde viven y al pueblo en general. Enseñamos a cómo ejercer, a cómo hacer realidad cada uno de los derechos. Hacemos sentir el orgullo de su cumplimiento. Extendemos, contagiamos nuestra dinámica a otras instituciones tanto privadas como públicas para que se cree en medio de nosotros la “Cultura de la Vida, de los Derechos Humanos”.

En segundo lugar denunciamos las señales de muerte y la violación de los Derechos Humanos. Para ello montamos programas de seguimiento de cada caso concreto detectado en medio de nosotros. Instruimos a los educadores, educadoras y responsables de las familias sobre los pasos a seguir en el proceso de dichas denuncia. Nos hacemos especialistas en el seguimiento de aquellos Derechos Humanos que ameritan mayor dedicación para nuestros destinatarios, creando oportunas campañas.

Y como tercer lugar nos comprometemos a ser testigos y, por consiguiente, a dar testimonio de vida, de los Derechos Humanos. Este testimonio lo hacemos como personas y como institución. Queremos hablar con nuestras obras.

La manera de hacer realidad todo esto es a través de nuestra identidad, de nuestro ser educadores. La educación de Derechos Humanos es nuestra tarea. El Sistema Preventivo de Don Bosco, como metodología pedagógica que nos identifica, nos hace proyectar la educación en Derechos Humanos. Desde lo positivo, desde el cultivo y desarrollo de la vida y la convivencia en su mejor expresión, tratando de alcanzar la meta suprema: “para que tengan vida y la tengan en abundancia”.

Somos Educadores Profetas de la Vida, de los Derechos Humanos.


P. Juan Linares, SDB