sábado, 13 de septiembre de 2008

El lago de fuego y azufre fundido...

Fray Luis de Granada: Libro de la oración y meditación, Meditación para el viernes por la noche, las penas del infierno

cap. XIII:

3. Porque así como los malos ofendieron a Dios con todos sus miembros y sentidos, y de todos hicieron armas para servir al pecado, así ordenará El que todos sean allí atormentados, y cada uno de ellos padezca su propio tormento y pague su merecido. Allí, pues los ojos deshonestos y carnales serán atormentados con la visión horrible de los demonios; los oídos, con la confusión de las voces y gemidos que allí sonarán; las narices, con el hedor intolerable de aquel sucio lugar; el gusto, con rabiosísima hambre y sed; el tacto de todos los miembros del cuerpo, con frío y fuego incomparable...

6. Mas allende de estas penas generales hay otras particulares que allí padecerá cada uno conforme a la calidad de su delito. Porque una será allí la pena del soberbio, otra la del envidioso, otra la del avariento y otra la del lujurioso, y así de los demás. En lo cual resplandecerá maravillosamente la sabiduría y justicia divina, la cual en tan grande infinidad de culpas y culpados, sabrá tan perfectamente todos los excesos de cada uno y medirá como con una balanza la pena de su delito, como dijo el Sabio.

Allí se tasará el dolor conforme el deleite recibido... Así mandó Dios que fuese castigada aquella mala mujer del Apocalipsis que estaba sentada sobre las aguas del mar con un cáliuz en la mano lleno de ponzoñosos deleites, contra la cual se fulminó aquella sentencia del cielo, que decía: Cuanto se ensalzó y gozó de sus deleites, tanto le dad de tormento y llanto.

Cáp. XIV:

9. Y no solamente los atormentará el frío y el fuego, sino también los mismos demonios con figuras horribles de fieras y monstruos espantables, en que se les aparecerán; los cuales con su vista atormentarán los ojos adúlteros y deshonestos, y los que se pintaron con artificiosos colores para ser lazos hermosos y redes de Satanás.

11. ... un hedor incomparable que habrá en aquel lugar para castigo de los olores y atavíos que los hombres carnales y mundanos buscaron en este mundo, como lo amenaza Dios por Isaías... Porque se envanecieron las hijas de Sión y anduvieron los cuellos levantados, halconeando con los ojos y pavoneándose en su pasear, haciendo alarde de sus pompas y riquezas entre los flacos y desnudos, por tanto el Señor les pelará los cabellos de la cabeza, con todos los otros atavíos profanos, y darles ha en lugar de los suaves olores, hedor; en lugar de la cinta, una soga; en lugar de los cabellos ondeados, la calva pelada, y en lugar de la faja de los pechos, un cilicio.

18. Mas mucho mayor aun será cuando se pongan a medir la duración de los placeres pasados con la de los dolores presentes, y vean cómo los placeres duraron un punto y los dolores durarán para siempre.

20. "¡Oh mil veces malaventurado de mí, que así me engañé! Maldito sea quien me engañó y maldito quien no me castigó!"

26. De las penas particulares: ... los carnales y deshonestos serán envestidos en llamas de piedra-azufre hediondas...

Fray Luis de Granada: Guía de Pecadores, Espasa-Calpe, Madrid 1966, cáp. V, De las penas del Infierno

Pues pongamos agora caso, que algún hombre estuviese padesciendo un mal tan universal, que no le dejase miembro ni sentido, ni coyuntura sin su propio tormento; sino que en un mismo tiempo estuviese padesciendo agudísimos dolores en la cabeza, y en los ojos, y en los oídos, y en los dientes, y en el estómago, y en el hígado, y en el corazón, y por abreviar, an todos los otros miembros y coyunturas de su cuerpo, y que así estuviese tendido en una cama, cociéndose en estos dolores, y teniendo para cada uno de los miembros su propio verdugo. ... A un perro de la calle que vieses desta manera penar, te pondría lástima y compasión. Pues esto es, hermano mío, si alguna comparación se puede hacer, lo que no por una noche, sino eternalmente, se padece en aquel malaventurado lugar.

Catecismo Catolico segun el Decreto del Concilio de Trento,

mandado publicar por San Pio V Pontifice Maximo y despues por Clemente XIII, Buenos Aires, sin año, Parte primera, Capítulo VIII, 10. De la pena de sentido y de la compañía de los condenados.

"Sigue después: Al fuego eterno; y este segundo género de castigos es llamado por los teólogos pena de sentido, porque se percibe con los sentidos corporales, como en los azotes y en las lesiones o en cualquiera otra clase más grave de suplicios, entre los que no puede dudarse que los tormentos de fuego producen dolor muy sensible; y, juntándose a este mal el haber de durar eternamente dedúcese de todo esto que el castigo de los condenados contendrá todo género de penas; ..."