miércoles, 27 de agosto de 2008

La mente de Cristo

“Porque ¿quién conoció la mente del Señor para instruirle? Pero nosotros tenemos la mente de Cristo”. (1 Corintios 2, 16)

Creo que ya habrás tomado la decisión firme de escoger las ideas correctas, así que echemos un vistazo a los tipos de modo de pensar que debieran considerarse correctos de acuer­do con el Señor. Es cierto que hay muchas clases de pensa­mientos que pudieran considerarse impensables para Jesús cuando estaba en la tierra. Si deseamos seguir Sus pasos, entonces tenemos que empezar a pensar como Él lo hacía.

Probablemente ya estarás pensando: “Eso es imposible, Jairo, Jesús era perfecto. Es posible que yo pueda mejorar mi modo de pensar, pero jamás seré capaz de pensar como El”.

*** Bueno, la Biblia nos dice que nosotros tenemos la mente de Cristo; y espíritu y corazón nuevos.***



Espíritu y corazón nuevos

Y os daré un corazón nuevo, infundiré en vosotros un espíritu nuevo, quitaré de vuestra carne el corazón de piedra y os daré un corazón de carne. Infundiré mi Espíritu en vosotros y haré que os conduzcáis según mis preceptos y observéis y practiquéis mis normas. (Ezequiel 36, 26-27)

Como cristianos, tú y yo tenemos una nueva naturaleza, la cual es en realidad la naturaleza de Dios, depositada en nosotros en el Nuevo Nacimiento.

Por esta Escritura podemos ver que Dios sabía que si habíamos de cumplir Sus ordenanzas y andar en Sus estatu­tos, Él tendría que damos Su Espíritu y un nuevo corazón (y mente). Romanos 8, 6 habla de la mente carnal y la mente espiritual y nos dice que el resultado de seguir a la mente de la carne, es la muerte, y que el resultado de seguir a la mente del Espíritu, es la vida.

Haríamos tremendos progresos simplemente aprendiendo cómo discernir la vida y la muerte.

Si algo te está ministrando la muerte, no lo sigas permitien­do. Cuando ciertas modos de pensar te llenen de muerte, sabes inmediatamente que esa no es la mente del Espíritu.

Para ilustrarlo, digamos que estoy pensando en una injus­ticia que sufrí por causa de otra persona, y empiezo a encole­rizarme. Comienzo a pensar en cuánto me disgusta ese indi­viduo. Si estoy discerniendo, notaré que me están llenando de muerte. Me estoy alterando, perturbando, llenando de gran tensión; puede que incluso llegue a sentirme físicamente mal.

El fruto de mis pensamientos errados puede ser dolor de cabeza, dolor de estómago o cansancio injustificado. Por otra parte, si me pongo a pensar en cuánto me ha bendecido Dios y qué bueno ha sido conmigo, también podré discernir que me están llenando de vida.

Al creyente le es muy útil aprender a discernir la vida y la muerte dentro de sí mismo. Poniendo Su propia mente en nosotros, Jesús hizo los arreglos para que nos llenemos de vida. Podemos escoger fluir en la mente de Cristo.

En las siguientes páginas de este capítulo hay una lista de cosas a fin de ordenar el fluir en la mente de Cristo.

1º.- Piensa en cosas positivas.

¿Andan dos hombres juntos si no se han puesto de acuerdo? (Amós 3, 3)

Si una persona está pensando de acuerdo con la mente de Cristo, ¿cuáles serán sus pensamientos? Seguro que serán positivos. En un capítulo anterior ya hemos expuesto la absoluta necesidad de pensar positivamente.

Nunca se dirá lo suficiente acerca del poder de ser positivo. Dios es positivo, y si tú y yo queremos fluir con El, tenemos que sintonizamos en la misma longitud de onda y empezar a pensar positivamente. No estoy hablando de ejercer el control mental, sino sólo de ser una persona positiva en todo.

Ten un aspecto y actitud positivos.
Mantén pensamientos y expectativas positivos.
Ten conversaciones positivas.
Ciertamente Jesús mostraba una apariencia y actitud posi­tivas: soportó muchas dificultades, incluidos ataques perso­nales; le calumniaron; Sus discípulos lo abandonaron cuando mas falta le hacían; se burlaron de El; se quedó solo, incomprendido; y mil decepciones más. Sin embargo, en medio de todas esas experiencias negativas, Él permanecía positivo.

Siempre tenía un comentario alentador, una palabra de estímulo; siempre daba esperanzas a todos aquellos que le rodeaban.

La mente de Cristo en nosotros es positiva; por lo tanto, en cualquier momento en que nos pongamos negativos, no estamos operando con la mente de Cristo.

Millones de personas sufren de depresión, y no pienso que sea posible estar depri­mido sin ser negativo; a menos que la causa sea patológica. Aun en ese caso, ser negativo sólo aumentará el problema y sus síntomas.

De acuerdo con el Salmo 3, 3, Dios es nuestra gloria y el que levanta nuestras cabezas. El quiere levantarlo todo: nues­tras esperanzas, nuestras actitudes, nuestro ánimo, nuestra cabeza, manos y corazón; nuestra vida completa. ¡Él es nues­tro Divino Levantador!






Dios desea levantamos, y el diablo quiere aplastamos. Satanás emplea los sucesos y situaciones negativos de nuestra vida para deprimimos. El diccionario define el término “de­primir” como “decaer el ánimo: entristecer”. De acuerdo con el Diccionario algo que está deprimido está “hundido bajo el nivel del plano que lo rodea” .

Deprimir significa hundir, humillar, rebajar o mantener por debajo del nivel del suelo. Regularmente tenemos la oportunidad de pensar en cosas nega­tivas, pero eso sólo nos hundirá más todavía. Ser negativo no resolverá nuestros problemas; únicamente los agravará.

Para vencer la depresión

El Salmo 143, 3-10 nos describe la depresión y cómo ven­cerla. Examinemos este pasaje en detalle, para ver los pasos que podemos dar a fin de sobreponemos a este ataque del enemigo:

1. Identificar la naturaleza y la causa del problema.

“Persigue mi alma el enemigo, mi vida estrella contra el suelo; me hace morar en las tinieblas, como los que han muerto para siempre”; ... Salmo 143, 3

“Morar en lugares tenebrosos, como los que hace tiempo están muertos” sí que me suena como alguien que está depri­mido.

Observa que la causa o fuente de esta depresión, de este ataque sobre el alma, es Satanás.

2. Reconocer que la depresión roba la vida y la luz.

“se apaga en mí el aliento, mi corazón dentro de mí enmudece”. Salmo 143, 4

La depresión oprime la libertad y poder espiritual de una persona.

Nuestro espíritu (fortalecido y alentado por el Espíritu de Dios) es poderoso y libre. Por lo tanto, Satanás busca oprimir su poder y libertad, llenando nuestra mente con oscuridad y abatimiento. Por favor, comprende que es vital resistir a ese sentimiento llamado “depresión” en cuanto nos percatemos de que ha llegado. Cuanto más se le permita permanecer, más difícil se vuelve resistirlo.

3. Recordar los buenos tiempos.

Me acuerdo de los días de antaño, medito en todas tus acciones, pondero las obras de tus manos; Salmo 143, 5

En este versículo vemos la reacción del salmista a su situación. Recordar, meditar y reflexionar son todas funciones de la mente.

Es obvio que él sabe que estos pensamientos afectarán sus sentimientos, así que se ocupa pensando en la clase de cosas que lo ayudarán a sobreponerse al ataque sobre su mente.

4. Alabar al Señor en medio del problema.

“hacia ti mis manos tiendo, mi alma es como una tierra que tiene sed de ti”. Salmo 143, 6

El salmista conoce la importancia de la alabanza; levanta sus manos en adoración. Declara cuál es de veras su necesidad: es Dios. Únicamente el Señor puede hacerlo sentirse satisfecho.

Demasiado a menudo, cuando la gente se deprime, es porque necesita algo, y lo busca donde no debe, con lo que sólo añade a sus problemas.

En Jeremías 2, 13 el Señor dice: “Doble mal ha hecho mi pueblo: a mí me dejaron, Manantial de aguas vivas, para hacerse cisternas, cisternas agrietadas, que el agua no retienen”.

Únicamente Dios puede calmar la sed del sediento. No te dejes engañar pensando que cualquier otra cosa puede satis­facerte del todo y por completo. Correr tras las cosas equivocadas te dejará decepcionado, y la decepción abre la puerta a la depresión.

5. Pídele ayuda a Dios.

“¡Oh, pronto, respóndeme, Yahveh, el aliento me falta; no escondas lejos de mí tu rostro, pues sería yo como los que bajan a la fosa!” Salmo 143:7

El salmista pide ayuda. Básicamente está diciendo: “Apre­súrate, Dios, porque no seré capaz de sostenerme mucho más tiempo sin Ti”.

6. Escucha al Señor.

“Haz que sienta tu amor a la mañana, porque confío en ti; hazme saber el camino a seguir, porque hacia ti levanto mi alma”. Salmo 143, 8

El salmista sabe que necesita escuchar a Dios. Necesita sentirse seguro del amor y la bondad de Dios. Le hace falta la atención y dirección de Dios.

7. Ora por la liberación.

“Líbrame de mis enemigos, Yahveh, en ti me refugio; Salmo 143, 9

Una vez más el salmista declara que únicamente Dios puede ayudarlo. Observa, por favor, que a lo largo de este discurso está manteniendo su mente en Dios y no en el problema.

8. Busca la sabiduría, el conocimiento y la guía de Dios.

“enséñame a cumplir tu voluntad, porque tú eres mi Dios; tu Espíritu que es bueno me guíe por una tierra llana”. Salmo 143, 10

Quizás el salmista está indicando que él se ha salido de la voluntad de Dios y así ha abierto la puerta para el ataque sobre su alma. Ahora quiere estar dentro de la Voluntad de Dios porque se ha dado cuenta de que es el único lugar seguro donde puede estar.

Entonces le pide a Dios que lo ayude a ser estable. Creo que su frase: “Tu buen Espíritu me guíe a tierra firme”. se refiere a sus emociones inestables . Quiere estar equilibrado; no su­biendo y bajando.




Emplea tus armas


“¡No!, las armas de nuestro combate no son carnales, antes bien, para la causa de Dios, son capaces de arrasar fortalezas. Deshacemos sofismas y toda altanería que se subleva contra el conocimiento de Dios y reducimos a cautiverio todo entendimiento para obediencia de Cristo”. 2 Corintios 10 , 4-5

Satanás emplea la depresión para arrastrar a millones hacia el abismo de las tinieblas y la desesperación. Con frecuencia el resultado de la depresión es el suicidio. Un suicida es una persona que se ha vuelto tan negativa que no ve absolutamen­te ninguna esperanza para el futuro.

Recuerda: Los sentimientos negativos provienen de pensa­mientos negativos.

La mente es el campo de batalla, el lugar donde se pierde o se gana la batalla. Escoge hoy ser positivo —echando por tierra toda idea negativa— y trayendo tus pensamientos a la obediencia de Jesucristo.

2o.- Ten la mente en Dios

“de ánimo firme y que conserva la paz, porque en ti confió”. Isaías 26, 3

Jesucristo tiene una continua confraternidad con Su Padre Celestial. Es imposible tener una completa confraternidad con alguien sin tener tu mente puesta en ese individuo . Si mi esposa y yo estamos juntos en el auto, y el esta a hablándome, pero yo tengo mi mente en otra cosa, no tenemos verdadera confraternidad porque no le estoy prestando toda mi atención. Por eso creo que podemos decir con certeza que los pensa­mientos de una persona que funciona en la mente de Cristo estará en Dios y en toda Su poderosa obra.

*** Medita en Dios y en Sus obras

“así quiero en mi vida bendecirte, levantar mis manos en tu nombre; como de grasa y médula se empapará mi alma, y alabará mi boca con labios jubilosos. Salmo 63, 5-6

“Me acuerdo de las gestas de Yahveh, sí, recuerdo tus antiguas maravillas”, Salmo 77, 12

“En tus ordenanzas quiero meditar y mirar a tus caminos”. Salmo 119, 15

“Me acuerdo de los días de antaño, medito en todas tus acciones, pondero las obras de tus manos”; Salmo 143, 5

El salmista David habla con frecuencia acerca de meditar en Dios, Su bondad y Sus obras y caminos. Es sumamente edifican­te pensar en la bondad de Dios y en todas las maravillosas obras de Sus manos.

Yo disfruto viendo en la televisión programas sobre la naturaleza, los animales, la vida en los océanos, etcétera, porque reflejan la grandeza, lo asombrosamente maravilloso que es Dios, Su infinita creatividad y cómo sostiene todas las cosas con Su poder (Hebreos 1, 3).

Es necesario convertir la meditación sobre Dios y Sus caminos y obras, en una parte regular de tu vida interior, si quieres saborear la victoria.

Uno de mis versículos preferidos es el Salmo 17, 15 en el cual el salmista dice del Señor: “Mas yo, en la justicia, contemplaré tu rostro, al despertar me hartaré de tu imagen”.

Yo pasé muchos días infelices porque, en cuanto me des­pertaba cada mañana, empezaba a pensar en todas las cosas malas. Puedo decir con toda verdad, que desde que el Espíritu Santo me ayudó a operar desde la mente de Cristo (la mente del Espíritu) que está dentro de mí, me he sentido totalmente satisfecho. El modo seguro de empezar a disfrutar de la vida, es tener confraternidad con Dios temprano en la mañana.

*** Confraternidad con el Señor

“Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, no vendrá a vosotros el Paráclito; pero si me voy, os lo enviaré”: Juan 16, 7

Estas palabras las pronunció Jesús justamente antes de subir al cielo donde está sentado a la diestra del Padre en gloria. Por esta Escritura es obvio que la voluntad de Dios es que estemos en íntima confraternidad con Él.

Nada está más cerca de nosotros que nuestros pensamientos. Por lo tanto, si llenamos nuestra mente con el Señor, eso lo traerá a nuestra conciencia y empezaremos a disfrutar una confraternidad con Él, que traerá gozo, paz y victoria en nuestra vida diaria.

El está siempre con nosotros, tal como Él lo prometió (Mateo 28, 20; Hebreos 13, 5). Pero no estaremos conscientes de Su Presencia a menos que pensemos en El. Puedo estar en una habitación con alguien y si tengo mi mente en mil otras cosas, puedo irme y nunca llegar a saber que esa persona estaba allí. Así son las cosas relacionadas con nuestros privi­legios en el Señor. El siempre está con nosotros, pero tenemos que pensar en El y estar conscientes de Su Presencia.

3o.- Piensa siempre: “Dios me Ama”

Y nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene, y hemos creído en él. Dios es Amor y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él.

1 Juan 4, 16

He aprendido que en cuanto al amor de Dios, es verdad lo mismo que es verdad en cuanto a Su Presencia. Si nunca meditamos en Su amor por nosotros, no podremos experi­mentarlo.

Pablo oraba en Efesios 3 para que la gente experimentara el amor de Dios en sí misma. La Biblia dice que El nos ama. Pero ¿cuantos hijos de Dios todavía carecen de una revelación respecto al amor de Dios?

Recuerdo cuando empecé el “Ministerio de Oración y Sanación “Jesús Misericordioso” . La primera semana que iba a dirigir el grupo, le pregunté al Señor qué quería que enseñara y Él respondió: “Dile a Mi pueblo que lo amo”.

Le argumenté: “¡Ya lo saben! Quiero enseñarles algo real­mente poderoso; no una lección de Misa Dominical sacada de Juan 3;16.

El Señor ripostó: “Muy pocos de mi pueblo saben en realidad cuánto los amo. Si lo supiesen, actuarían de un modo muy distinto”.




Cuando comencé a estudiar el tema de recibir el amor de Dios, me percaté de que yo mismo estaba desesperadamente necesitado de ello. El Señor me guió en mi estudio de 1 Juan 4:16, que establece que debemos darnos cuenta del amor de Dios. Eso significa que es algo de lo que deberíamos estar sumamente conscientes.

Yo tenía una especie de concepto inconsciente y vago de que Dios me amaba, pero el amor de Dios está destinado a ser una fuerza poderosa en nuestras vidas, una que nos lleve —aun a través de las pruebas más difíciles— hasta la victoria. En Romanos 8:35 el apóstol Pablo nos exhorta: ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿La tribulación?, ¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿los peligros?, ¿la espada?,

¡ Entonces en el versículo 37 él prosigue: Pero en todo esto salimos vencedores gracias a aquel que nos amó.

Estudié este aspecto por largo tiempo, y empecé a darme cuenta y a estar consciente del amor de Dios por mí, a fuerza de pensar en Su amor y confesarlo en voz alta. Aprendí Escrituras acerca del amor de Dios, y medité en ellas y las confesé en voz alta. Lo hice una y otra vez, repitiéndolo durante meses, y todo el tiempo la revelación de Su amor incondicional por mí se convertía día a día en una realidad cada vez más patente.

Ahora, Su amor es tan real para mí que incluso en los tiempos difíciles, me conforta el “conocimiento consciente” de que Él me ama y que ya no tengo que vivir con miedo.

*** No temas

“No hay temor en el amor; sino que el amor perfecto expulsa el temor, porque el temor mira el castigo”... 1 Juan 4,18

Dios nos ama perfectamente, tal como somos. Romanos 5, 8 nos dice que . . “mas la prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros”.

Los creyentes que operan desde la mente de Cristo no pensarán que son malos. Siempre tendrán la idea de que son buenos y justos. Tú deberías tener una conciencia de justicia, meditando en quién eres “en Cristo”.

*** Sé consciente de la justicia, no del pecado

“A quien no conoció pecado, le hizo pecado por nosotros, para que viniésemos a ser justicia de Dios en él”. 2 Corintios 5, 21

Un gran número de creyentes está atormentado por concep­tos negativos acerca de sí mismos. Ideas acerca de cómo Dios tiene que estar muy disgustado con ellos por todas sus debi­lidades y fracasos.

¿Çuánto tiempo desperdicias viviendo hundido en la culpa y la condenación? Observa que dije cuánto tiempo desperdi­cias, porque eso es exactamente lo que es toda esa clase de pensamientos, ¡un desperdicio de tiempo!

No pienses en cuán terrible tú eras antes de venir Cristo.-En lugar de eso, piensa en cómo has sido hecho la justicia de Dios en El. Recuerda: los pensamientos se convierten en actos.

Si quieres llegar a comportarte mejor alguna vez, primero tienes que cambiar tu modo de pensar. Sigue pensan­do en lo terrible que eras, y sólo conseguirás actuar peor. Cada vez que venga a tu mente una idea negativa y condenatoria, recuérdate a ti mismo que Dios te ama, que tú has sido hecho la justicia de Dios en Cristo.

Todo el tiempo estás cambiando para mejorar. Cada día estás creciendo espiritualmente. Dios tiene un plan glorioso para tu vida. Estas son las verdades en las que tienes que pensar.

¡Esto es lo que se supone que estés haciendo con tu mente!

Piensa deliberadamente de acuerdo con la Palabra de Dios; no te limites a pensar en cualquier idea que te caiga en la cabeza, recibiéndola como si fuera tuya.

Reprende al diablo e inicia el avance pensando en ideas correctas.

4o.- Ten una mente alentadora

“...la exhortación, exhortando. El que da, con sencillez; el que preside, con solicitud; el que ejerce la misericordia, con jovialidad...”. Romanos 12, 8

La persona con la mente de Cristo tiene ideas positivas, alentadoras, edificantes acerca de otras personas, así como de sí misma y su propia situación.

En el mundo de hoy, hay gran necesidad del ministerio de la exhortación. Nunca podrás exhortar a nadie con tus palabras, si primero no tienes esa clase de conceptos acer­ca de esa persona. Recuerda que cualquier cosa que haya en tu corazón, saldrá por tu boca. Ocúpate a propósito en “pensar amoroso”.

Envía pensamientos de amor hacia otras personas. Diles palabras de aliento.

El término griego parakaleo, que se traduce como exhortar, como “primeramente, llamar a una persona (para a un lado, kaleo, llamar) . . .para amonestar, exhortar, urgir a uno a seguir una línea de conducta...” Yo interpreto que esta definición significa llamar a un lado a una persona y urgirla a seguir adelante en procurar un curso de acción. El don ministrador de la exhortación de que se habla en Romanos 12, 8 es evidente en quienes lo tienen. Siempre están diciendo algo alentador o edificante a todo el mundo; algo que los hace sentirse mejor y los alienta a seguir adelante.




Puede que todos no tengamos el don ministrador de la exhortación, pero todo el mundo puede aprender a ser alenta­dor. La regla simple es: si no es bueno, entonces no lo pienses ni lo digas.

Cada cual tiene suficientes problemas ya, no necesitamos añadir a sus problemas, demoliéndolos.

Deberíamos edificar­nos unos a otros en amor (Efesios 4, 29). No te olvides: el amor siempre cree lo mejor de todos (1 Corintios 13,7).

Cuando empieces a pensar con amor de otros, descubrirás que ellos se comportan de una manera más amorosa. Los pensamientos y las palabras son recipientes o armas para llevar poder creativo o destructivo. Pueden emplearse contra Satanás y sus obras, o de hecho pueden ayudarlo en su plan de destrucción.

Digamos que tienes un hijo que tiene algunos problemas de conducta y definitivamente necesita cambiar. Oras por él y le pides a Dios que obre en su vida, haciendo cualesquiera cambios que sean necesarios. Ahora ¿qué haces con tus conceptos y palabras relativas a él durante el período de espera? Mucha gente nunca ve la respuesta a sus oraciones porque niegan lo que han pedido con sus pensamientos y palabras antes de que Dios llegue a tener una oportunidad de obrar en su beneficio.

¿Oras para que tu hijo cambie y después le das vueltas a toda clase de pensamientos negativos acerca de él? O quizás oras por un cambio y después piensas, o incluso le dices a otros: “¡Este chico nunca cambiará!” Para vivir en victoria tienes que empezar a alinear tus pensamientos con la Palabra de Dios.

No estamos andando en la Palabra si nuestros pensamientos son opuestos a lo que se dice. No estamos andando en la Palabra si no estamos pensando en la Palabra.

Cuando ores por alguien, alinea tus pensamientos y pala­bras con lo que tú has orado y empezarás a ver una brecha abierta.

No estoy sugiriendo que pierdas el equilibrio. Si tu hijo tiene un problema de conducta en la escuela y un amigo pregunta cómo le va, ¿qué debes responder, si en realidad no se ha manifestado ningún cambio? Puedes decir: “Bueno, todavía no hemos visto la brecha abierta, pero creo que Dios está obrando y que este muchacho es un prospecto del Señor. Lo veremos cambiar de gloria en gloria, poco a poco, día tras día”.

5o.- Desarrolla una mente agradecida

“¡Entrad en sus pórticos con acciones de gracias, con alabanzas en sus atrios, dadle gracias, bendecid su nombre!”. Salmo 100, 4

Una persona que fluye en la mente de Cristo encontrará que sus pensamientos están llenos con alabanza y agradecimiento.

Muchas puertas se le abren al enemigo mediante la queja. Algunas personas están físicamente enfermas y viven vidas débiles e impotentes debido a esa enfermedad llamada “que­jarse” que ataca los pensamientos y la conversación de la gente.

No puede vivirse una vida poderosa sin acción de gracias. La Biblia nos instruye una y otra vez en el principio de la acción de gracias. Quejarse en el pensamiento o de palabra es un principio de muerte, pero ser agradecido y decirlo es un principio de vida.

Si una persona no tiene un corazón (mente) agradecido, la acción de gracias no saldrá de su boca. Cuando somos agra­decidos, lo decimos.

*** Sé agradecido en todo momento

“Ofrezcamos sin cesar, por medio de él, a Dios un sacrificio de alabanza, es decir, el fruto de los labios que celebran su nombre”. Hebreos 13, 15

¿Cuándo ofrecemos alabanza agradecida? En todo momen­to —en cualquier situación, en todas las cosas— y al hacerlo, entramos en la vida victoriosa donde el diablo no puede controlamos.

¿Cómo podría controlarnos si estamos jubilosos y agrade­cidos, no importa cuál sea nuestra situación? Admito que esta clase de estilo de vida a veces requiere un sacrificio de alabanza o agradecimiento, pero yo prefiero sacrificar mi agradecimiento a Dios que sacrificar mi gozo a Satanás. He aprendido (del modo más difícil) que si me pongo gruñon y me niego a dar gracias, después termino perdiendo mi gozo. En otras palabras, lo perderé arrebatado por el espíritu de la queja.

En el Salmo 34,1 el salmista dice: “Bendeciré a Yahveh en todo tiempo, sin cesar en mi boca su alabanza”







¿Cómo puedo ser una bendición para el Señor? Teniendo Su alabanza continuamente en nuestros pensamientos y bocas.

Sé una persona agradecida; llena de gratitud no sólo hacia Dios, sino también hacia la gente. Cuando alguien hace algo amable en favor tuyo, muéstrale cuánto se lo agradeces.

Muestra agradecimiento en tu familia, entre los distintos miembros. Muy a menudo, tomamos por descontado las cosas con las que Dios nos ha bendecido. Un modo seguro de perder algo es no agradecerlo.

Sé que hacerle patente a la gente que le estamos agradecidos, ayuda a edificar y mantener una buena relación, incluso mencionando ciertas cosas específi­cas que les agradecemos.

Yo trato con mucha gente, y me sigue asombrando cómo algunas personas agradecen cada cosita que se hace por ellas, y mientras otras no están nunca satisfechos, no importa cuán­to se haga en su beneficio. Creo que el orgullo tiene algo que ver con este problema. Algunos individuos están llenos de sí mismos, que no importa lo que otros hagan por ellos, creen que se merecen no sólo eso, ¡sino más! Rara vez expresan agra­decimiento.

Mostrar agradecimiento no sólo es bueno para el otro, sino también para nosotros, porque libera el gozo en nosotros.

Medita diariamente en todas las cosas por las que tienes que estar agradecido. Enuméraselas a Dios en oración, y mientras lo hagas descubrirás que tu corazón se llena de vida y luz.

*** Da gracias siempre por todo

“No os embriaguéis con vino, que es causa de libertinaje; llenaos más bien del Espíritu. Recitad entre vosotros salmos, himnos y cánticos inspirados; cantad y salmodiad en vuestro corazón al Señor, dando gracias continuamente y por todo a Dios Padre, en nombre de nuestro Señor Jesucristo”. Efesios 5, 18-20

¡ Qué poderosa porción de las Escrituras!

¿Cómo podemos tú y yo permanecer siempre llenos del Espíritu Santo? Repitiéndonos (en la mente) o unos a otros (verbalmente) salmos e himnos y cánticos espirituales. En otras palabras, manteniendo nuestros pensamientos y pala­bras en la Palabra de Dios y llenos de ella; ofreciendo alaban­za en todo momento y por todo, dando gracias.

6o.- Ten en tu mente la Palabra

“ni habita su palabra en vosotros, porque no creéis al que El ha enviado”. Juan 5, 38

La Palabra de Dios es Su pensamiento escrito en papel para que la estudiemos y analicemos. Su Palabra es cómo Él piensa acerca de cada situación y cada tema.

En Juan 5,38 Jesús estaba castigando a algunos incrédulos. Vemos por esta traducción que la Palabra de Dios es una expresión escrita de Sus pensamientos y que la gente que quiere creer y sentir todos los buenos resultados de creer, tiene que permitir que Su Palabra sea un mensaje vivo en sus corazones. Esto se logra meditando en la Palabra de Dios. Así es como Sus pensamientos pueden volverse nuestros pensamientos; el único modo de desarrollar la mente de Cristo en nosotros.

La Biblia en Juan 1,14 dice que Jesús era la Palabra hecha carne. Eso no hubiese sido posible si Su mente no hubiera estado continuamente llena de la Palabra de Dios.

Meditar en la Palabra de Dios es uno de los más importan­tes principios de la vida que podemos aprender.

Se definen así los dos términos griegos traducidos como meditar: “cuidar de”, “atender, practicar”, “ser diligente en”, “practicar [en] el sentido más conocido de la palabra”, “pon­derar, imaginar , premeditar...” Otra fuente añade “mur­murar” o “balbucear” a la definición.

Nunca podré enfatizar lo suficiente cuán importante es este principio. Lo llamo un principio de vida, porque meditar en la Palabra de Dios te ministrará vida a ti y, en última instancia, a los que te rodean.

Muchos cristianos sienten miedo de “meditar” en la Pala­bra debido a las prácticas de meditación de las religiones ocultistas y paganas. Pero te exhorto a recordar que Satanás nunca ha tenido en realidad una idea original. El toma lo que pertenece al Reino de la Luz y lo pervierte para el reino de las tinieblas. Tenemos que ser bastante sabios para comprender que si la meditación produce semejante poder para el lado del mal, también producirá poder para la causa del bien. El principio de la meditación viene directamente de la Palabra de Dios; echemos un vistazo a lo que la Biblia tiene que decir de esto.
*** Medita y prosperarás

“No se aparte el libro de esta Ley de tus labios: medítalo día y noche; así procurarás obrar en todo conforme a lo que en él está escrito, y tendrás suerte y éxito en tus empresas”. Josué 1, 8

En este versículo, el Señor nos está diciendo muy claro que nunca pondremos Su Palabra en práctica físicamente, si no la practicamos primero mentalmente.






El Salmo 1,2-3 habla del hombre devoto y dice: mas se complace en la ley de Yahveh, su ley susurra día y noche! Es como un árbol plantado junto a corrientes de agua, que da a su tiempo el fruto, y jamás se amustia su follaje; todo lo que hace sale bien.

*** Medita y sé sano

“Atiende, hijo mío, a mis palabras, inclina tu oído a mis razones. No las apartes de tus ojos, guárdalas dentro de tu corazón. Porque son vida para los que las encuentran, y curación para toda carne.. Proverbios 4, 20-22

Recordando que una de las palabras definitorias para “me­ditar” es atender, ten en cuenta este pasaje de la Escritura, que dice que las Palabras del Señor son una fuente de salud y curación de la carne.

Meditar (ponderar, pensar acerca de) la Palabra de Dios en nuestra mente, en realidad afectará nuestro cuerpo. Mi apa­riencia ha cambiado durante los últimos diez y seis años. Las personas me dicen que en realidad luzco al menos quince años más joven hoy, de lo que lucía cuando empecé a estudiar con ahínco la Palabra y convertirla en el punto central de mi vida entera.

*** Escuchar y cosechar

“Les decía también: «Atended a lo que escucháis. Con la medida con que midáis, se os medirá y aun con creces”. Marcos 4, 24

Este es como el principio de sembrar y cosechar. Cuanto más sembremos, más recolectaremos en la época de la cose­cha. El Señor nos está diciendo en Marcos 4, 24 que mientras más tiempo dediquemos personalmente tú y yo a pensar en la Palabra que oímos y a estudiarla, más sacaremos de ella.

*** Leer y recolectar

“Pues nada hay oculto si no es para que sea manifestado; nada ha sucedido en secreto, sino para que venga a ser descubierto”. Marcos 4, 22

Estos dos versículos juntos seguramente nos están diciendo que la Palabra tiene escondidos tremendos tesoros, poderosos secretos que dan vida, que Dios desea revelarnos. Estos les son revelados a quienes meditan en la Palabra de Dios, la estudian, piensan en ella, la practican mentalmente y la murmuran.

Conozco personalmente, como maestro de la Palabra de Dios, la verdad de este principio. Tal parece que no hubiera fin a lo que Dios puede mostrarme en un solo versículo de la Escritura. La estudio una vez y obtengo una cosa, y otra vez veo otra nueva que ni siquiera había sospechado antes.

El Señor sigue revelando Sus secretos a quienes son apli­cados con respecto a la Palabra. No seas la clase de persona que siempre quiere vivir de la revelación dada a otro. Estudia la Palabra tú mismo y permite que el Espíritu Santo bendiga tu vida con la verdad.

Yo pudiera extenderme más y más con respecto al tema de meditar en la Palabra de Dios. Como ya he dicho, es una de las cosas más importantes que tú y yo podemos aprender a hacer. A lo largo de todo el día, mientras te ocupas de tus quehaceres diarios, pídele al Espíritu Santo que te recuerde ciertas Escri­turas para que puedas meditar en ellas. Te asombrará cuánto poder se liberará en tu vida por medio de esta práctica. Cuanto más medites en la Palabra de Dios, más serás capaz de obtener de su fortaleza en momentos difíciles. Recuer­da: el poder de cumplir la Palabra viene de la práctica de meditar en ella.

*** Da la bienvenida a la Palabra

“Por eso, desechad toda inmundicia y abundancia de mal y recibid con docilidad la Palabra sembrada en vosotros, que es capaz de salvar vuestras almas”. Santiago 1, 21

Vemos por esta Escritura que la Palabra tiene el poder de salvarnos de una vida de pecado, pero sólo cuando la recibi­mos con agrado y la implantamos y echa raíces en nuestros corazones (mentes). Esta implantación y enraizamiento tiene lugar cuando atendemos a la Palabra de Dios; al tenerla en nuestra mente más que ninguna otra cosa.




Si tú y yo meditamos en nuestros problemas todo el tiempo, echarán más raíces en nosotros. Si meditamos en lo que está mal en nosotros o en otros, nos imbuiremos más profundamente del problema, y nunca veremos la solución. Es como si hubiera un océano lleno de vida disponible para nosotros, y el instrumento que se nos da para sacarla es el estudio y meditación acuciosos de la Palabra de Dios.

En nuestra Comunidad “Jesús Misericordioso” trabajamos con gran interés la Palabra de Dios, y puedo decir por experiencia que verdaderamente hay vida en la Palabra de Dios.

*** ¡Escoge la vida!

“Pues las tendencias de la carne son muerte; mas las del espíritu, vida y paz” Romanos 8, 6

Llamar tu atención otra vez hacia Filipenses 4, 8 me parece un buen modo de cerrar esta predicación: “Por lo demás, hermanos, todo cuanto hay de verdadero, de noble, de justo, de puro, de amable, de honorable, todo cuanto sea virtud y cosa digna de elogio, todo eso tenedlo en cuenta”.

En esta Escritura se describe la condición en que debe estar tu mente. Tienes la mente de Cristo; comienza a usarla. Si El no hubiera pensado en algo, tú tampoco debes hacerlo.

Es mediante esta continua “vigilancia” sobre tus pensa­mientos que empiezas a llevar cautivo todo pensamiento a la obediencia de Jesucristo (2 Corintios 10, 5).

El Espíritu Santo te avisa rápidamente si tu mente está encaminándose en dirección equivocada, entonces la deci­sión es tuya:

¿Fluirás en la mente de la carne o en la mente del Espíritu?
La una conduce a la muerte; la otra, a la vida.
La decisión es tuya.
· ¡Escoge la vida!.
Extraido de la pagina: www.elencuentrocondios.org